«Björk digital»: una ópera tecnológica

La experiencia inmersiva de Björk marca un punto de inflexión a la hora de vivir la música gracias a la realidad virtual.

Representación de la ópera Orfeo y Eurídice, 1949

Representación de la ópera Orfeo y Eurídice, 1949 | Nationaal Archief | Dominio público

La capacidad de intuición experimental de Björk es infinita y posiblemente este sea el motivo por el que ha encontrado en la innovación digital un aliado creativo tan fructífero. En un momento en el que el audiovisual vive una explosión creativa y de innovación tecnológica similar a la de los inicios del cine, los artistas con la mente más abierta y viva se están apropiando de estos nuevos lenguajes para transformar su práctica, en este caso musical, hacia una obra amplia, que sitúa al espectador cada vez más en el centro de la experiencia ―del storytelling al storyliving.

La exposición «Björk digital» es una recopilación de los videoclips inmersivos de su último álbum Vulnicura, que la artista islandesa ha ido produciendo desde que lo publicó a principios de 2015. Se trata, pues, de un álbum inmersivo, pero, sobre todo, la celebración sin complejos del papel protagonista que el nuevo audiovisual inmersivo está adquiriendo en la cultura. En la exposición el espectador irá pasando por varias salas donde podrá ver videoclips de la artista en tres dispositivos audiovisuales diferentes: pantallas multicanales, vídeo inmersivo 360º y de realidad virtual.

En cada uno de los trabajos el espectador podrá identificar momentos en que este nuevo formato aporta claramente una mirada única al audiovisual, diferente. Lo vemos en Stonemilker (el primero de los trabajos que data de 2015) explorando en 360º el espacio mientras perseguimos los desdoblamientos físicos de la artista. Y muy especialmente en NotGet, donde Björk realiza un viaje emocional transformando su cuerpo ante nosotros en un espectáculo visual que podemos vivir a dos dedos de la artista o a unos pasos, pero que seguro que tendrá al espectador totalmente abducido.

Este trabajo surrealista, que quizá es la pieza más interesante de la exposición, se refiere a la superación de una ruptura de pareja. La podemos vivir con la interfaz HTC Vive, que nos permite un tipo de movimiento simple dentro del espacio virtual y que sin duda añade ―a pesar de sus limitaciones de interacción― un último paso importante en la percepción de nuestra presencia dentro del videoclip.

NotGet VR | Björk

El trabajo que Björk ha comenzado a desarrollar desde la creación del álbum interactivo Biophilia de 2011 (un gran proyecto musical y educativo que consiste en una aplicación para tabletas móviles con diez canciones interactivas también presente en la exposición ―si es que debemos llamarla así―) es el de entender y explorar las posibilidades del medio digital aceptando y forzando una transformación de su propio arte musical, lo que para ella representa una forma de humanizar la tecnología ―en palabras suyas, «de poner alma a la tecnología». Y para ello ha sabido siempre rodearse de las personas más destacadas en los diferentes ámbitos de los trabajos digitales, como por ejemplo la empresa de creación de contenidos virtuales Within (antes llamada Vrse), la empresa de efectos especiales digitales Analog o el artista digital Andrew Thomas Huang.

Este tipo de trabajos exploran la dimensión más trascendente que el romanticismo operístico wagneriano fundó bajo el concepto de obra total (Gesamtkunstwerk), donde todas las artes se desarrollan de forma integrada en favor de una única empresa que es la afectación emotiva del espectador. Y qué mejor forma de fusionar las artes que hacerlo también con la experiencia del espectador, poniéndolo en el centro de la obra. En cualquiera de las cinco piezas inmersivas que datan des de 2014 hasta la actualidad (Stonemilker, Quicksand, Mouthmantra, Family y NotGet) el espectador vivirá la dimensión más atractiva de esta nueva y radical forma de contar historias: una experiencia musical íntima, incómoda para algunos, donde la artista canta solo para un único espectador. Esta voluntad de convertir el espectáculo musical en una experiencia íntima ha estado muy presente en su trabajo más reciente, y para la artista la realidad virtual es un espacio más de exploración de esta idea de la intimidad musical.

La vivencia musical íntima experimentada con las piezas de Björk que acompañan y complementan el universo musical de Vulnicura explora nuevas formas de aproximarnos a la creación de realidades sintéticas digitales. Al igual que las máscaras Rottlace hechas a partir del modelo de su cara que ha creado en 3D para acompañar sus conciertos en colaboración con un grupo de investigación del MIT, Björk ha creado unos avatares virtuales que complementan un universo de sentimientos representados con seres que expanden su propio cuerpo. No son una extensión del mundo real metidas en un formato inmersivo, sino la exploración de una extensión de su universo musical disponible en nuestra realidad, y esto es precisamente lo que lo hace interesante.

Stonemilker 360º | Björk

La experiencia inmersiva de estar presente en una playa en Islandia junto con Björk o la de observar a una criatura fantasiosa con máscaras y colores imposibles nos transportan a una vivencia musical que, como público, es totalmente diferente a la que hasta ahora la industria musical nos había podido ofrecer. Y cuando hablamos de inmersión no estamos hablando de crear una ilusión fotorrealística perfecta de la realidad, sino de integrar todos los elementos de este nuevo medio de la mejor forma posible (obra total) para hacer sentir al espectador presente en ese momento.

Hace ya unos años que hay vida musical más allá de MTV y que los artistas están explorando el mundo digital creando videoclips interactivos, de modo que el 360 se adoptará de forma natural en la industria musical. Desde que en marzo de 2015 YouTube permite reproducir vídeos estereoscópicos, son muchos los músicos (Depeche Mode, Gorillaz, Muse) que están explorando las capacidades creativas de este nuevo formato audiovisual posmoderno como una extensión del videoclip, que en su momento también nació inspirado en las formas experimentales del cine y el videoarte. Tres meses después, en junio de 2015, Björk publicaba Stonemilker, una de las piezas disponibles en la exposición.

Curiosamente (y provocativamente) el primer videoclip que MTV emitió el día de su estreno en 1981 fue el memorable Video Killed the Radio Star de The Buggles: «They took the credit for your second symphony, Rewritten by machine on new technology, And now I understand the problems you can see». Las versiones de videoclip en realidad virtual que nos deja Björk para la historia son algo más oscuras y menos naifs, pero apuntan también todos los cambios que están por venir en la transformación constante que vive la música.

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  • Flavio Zarza | 12 Septiembre 2017

  • Administrador | 13 Septiembre 2017

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