Redes, procesos y plataformas

En un tiempo en que las organizaciones, grupos e instituciones culturales comienzan a repensarse en su modus operandi, en sus maneras de entender el conocimiento, en su forma de crearlo, compartirlo y distribuirlo, sobran los dogmas, las posturas fundamentalistas y los lamentos sobre todo aquello que en apariencia se pierde, y también las apologías acríticas sobre el mundo emergente. El nuevo escenario se despliega sobre un buen número de incertidumbres, y al mismo tiempo, ofrece algunas oportunidades para fijar ciertos mapas, pese a la volubilidad de las brújulas, los guardianes de las jergas y la resistencia al cambio que a todos nos concierne.

Redes

La conciencia de que vivimos en una sociedad en red,- y también en un mundo-red– sugiere, entre otras cosas, la necesidad de conocer un cuerpo teórico mencionado con insistencia en diferentes proyectos [1]. Ser conscientes de que todo está formado por redes: redes de la vida y la materia, redes neuronales, redes del lenguaje, redes mercantiles, redes culturales, redes de transporte, redes informáticas, redes sociales, etc. revela una compleja interdependencia, confirma la esterilidad de las visiones reduccionistas y somete a la razón a desafíos inéditos. Pues así como la carga de irracionalidad de ciertos sistemas e ideologías – que siguen legitimándose como racionales – hace insostenible la defensa de un racionalismo errático, también cabe persistir en la búsqueda de una racionalidad integradora que asuma la posibilidad de seguir pensando el todo y sus partes [2].

Pensar, crear y actuar en red, afecta sustancialmente a nuestra manera de estar en el mundo. Las redes son tan antiguas como las religiones, pero las herramientas cognitivas disponibles y las nuevas tecnologías de la información, revelan un territorio sin cartografías definitivas. La singular obsesión por mapearlo todo, visibilizar todos los datos y seguir aumentando los flujos de información, se enfrenta a los dilemas cada vez más sutiles de los sistemas complejos. Complejo es precisamente aquello que no puede pensarse por separado: el tejido de la vida, el mundo y la sociedad que estamos creando. El devenir en las redes, el devenir en la Red, es un proceso de cambios acelerados, cuya naturaleza no puede reducirse a una disputa entre tecnofilos y tecnofobos. No solo disponemos de sombreros [3] de varios colores, incluida la gama de los grises: también estamos aprendiendo -o recordando- que todos saben algo, pero nadie sabe todo. Y han vuelto los dilemas que plantea la inteligencia colectiva, aunque una parte de todo aquello que en lo humano nos emociona y nos asombra, quizá derive de esta.

Procesos

Casi todas las acepciones del término proceso de acuerdo al campo o la disciplina a la que se apliquen, remiten a su origen etimológico que hace referencia a la acción de ir hacia adelante, al transcurso del tiempo y al conjunto de fases sucesivas de un fenómeno natural o de una operación artificial. El mundo cultural se ha convertido en el escenario para el desarrollo de una serie de procesos de cambio donde diferentes concepciones de la innovación pugnan por legitimarse. La apuesta por una innovación emergente que permita permear el campo social, con sus propias nociones de excelencia, se confronta con visiones mercantilistas, productivistas, reduccionistas y oportunistas: ya sabemos que creatividad e innovación se han convertido en fetiches semánticos, útiles para dinamizar cambios evolutivos, pero también para nuevas operaciones epidérmicas. ¿Qué tipo de procesos se necesitan para encausar el caudal de creatividad y las innovaciones potenciales de una ciudadanía cada vez más activa y participativa? ¿Qué procesos conviene favorecer en un mundo de contribuidores, prosumers y bricoleurs? ¿Cuáles son los debates impostergables que requiere una economía de la contribución? ¿Qué cambios conceptuales y jurídicos requiere la noción de propiedad intelectual? ¿Cuáles son los bienes comunes (o procomunes) de la llamada sociedad del conocimiento y la información?

La nueva praxis cultural sugiere un proceso de transición, donde nadie está exento de revisar sus criterios operativos: las ideas con que se crean y conciben los proyectos, las metodologías de trabajo, los procesos de producción, los estilos de representación, la capacidad para ser sostenibles o no, los modos de comunicar, diseminar y compartir el conocimiento. Reivindicar procesos que permitan profundizar la democratización de la cultura, es decir, el acceso cultural a la información, a los equipos de producción y a la reproducción, comienza a ser un derecho inalienable cuyo ejercicio no puede ser solo capitalizado por las industrias culturales. Bienvenidas las ciudades creativas, la cultura innovadora, e incluso las invocaciones a lo radicalmente nuevo, pero no soslayemos las dimensiones del actual escenario, su radical complejidad y el nuevo paradigma implícito en todos los procesos de cambio social evolutivo.

Plataformas

Favorecer las condiciones para el desarrollo de la innovación emergente, en un mundo de redes distribuidas y procesos abiertos requiere la preservación, creación y consolidación de plataformas de trabajo que materialicen objetivos comunes. Una parte de la realidad social que se engloba bajo la denominación de tercer sector, para diferenciarlo tanto del ámbito estatal, como de la economía privada, está creando desde hace tiempo, plataformas para el cambio donde se privilegian los procesos de decisión democráticos y cuya finalidad primordial no es el lucro. Podría decirse que la influencia creciente del tercer sector en el ámbito de la cultura resulta decisiva para crear un ecosistema cultural rico, plural y evolutivo; sin olvidar que las fronteras entre sectores pueden ser también difusas.

¿Cuál es el rol de las instituciones culturales en este debate? ¿Qué tipo de políticas culturales se necesitan en un horizonte de cambios profundos y acelerados? ¿Es necesario redefinir la noción de proximidad? Las preguntas se acumulan. Y hay respuestas para todos los gustos. No obstante, es la imprescindible porosidad de los agentes implicados la que permitirá lograr la cohesión básica para asumir los desafíos del nuevo escenario. La apología incondicional de las nuevas tecnologías de la información y el conocimiento (TIC) puede resultar tan pueril, como las criticas maximalistas. Proyectos, programas, metodologías de trabajo, géneros y formatos, la noción de propiedad intelectual, la economía de la cultura, el futuro de las aulas, las bibliotecas, los museos y los archivos. Todo parece afectado por una portentosa mutación cuya naturaleza recién comenzamos a vislumbrar. No hay mapas definitivos para estos territorios, lo cual no impide que haya nuevas cartografías. El kit de herramientas cognitivas y tecnológicas continua ampliándose. Y en muchos casos, la prescripción o la teoría siempre llegan tarde. A tal punto que podríamos especular con la emergencia de una nueva generación que interactúa con los tres sectores mencionados, tanto para revelar sus contradicciones, como para crear vasos comunicantes. Es el mundo en que se mueven y crecen los nativos digitales.

El sentido

Mientras la pregunta por el sentido siga resultando incómoda, conviene ejercitarla: ¿para qué?

Redes: para que los proyectos se conecten, para continuar comprendiendo un mundo de redes distribuidas donde cada nodo pueda comunicarse potencialmente con todos los nodos, a partir de los seis grados de separación o sin ellos. Conciencia de un mundo en red para admitir aquello que todavía no podemos pensar o que solo puede ser pensado entre todos, pero que destierra las visiones univocas de lo que definimos como “real” y convierte el binomio real-virtual en unidad indisoluble de una “realidad” que siempre se expande.

Procesos: para desarrollar los proyectos, los programas, los métodos y las técnicas que nos conecten mejor y revelen todas las conexiones existentes, aún las más insospechadas; y también la imposibilidad de sociedades y obras cerradas. No para negar la sintaxis, los lenguajes propios, las identidades o la coherencia interna de los relatos y las maneras en que tenemos de construir mundos, sino para instalar en ellos una inalterable precaución ontológica que resitue nuestro lugar en el universo. Y en el pequeño mundo que también habitamos.

Plataformas: para desplegar la conciencia de una sociedad en red y los procesos que la alimentan. Para crear con transparencia los nuevos “tableros” horizontales y multidimensionales que asuman los retos de un mundo abierto, mestizo y cambiante. Plataformas de trabajo orientadas a la investigación, la experimentación y la innovación permanentes. Y desde las cuales puedan favorecerse todas las ideas de una nueva cultura local y planetaria. Plataformas para que puedan ser sostenibles las nuevas dinámicas de creación, producción y post-producción. Plataformas para evitar criminalizar a las jóvenes generaciones, para una educación expandida dentro y fuera de las aulas, para saber qué hacer con los archivos, para lograr un dialogo intergeneracional más profundo, para combatir las diferentes brechas y ser consecuentes con el pensamiento creativo sin olvidar uno de sus principales émbolos: el pensamiento crítico.

Referencias

Proximitat, cultura y tercer sector a Barcelona. Xavier Fina y Joan Subirats (dirs.). Nicolás Barbieri, Adriana Partal i Eva Merino. Icaria, 2011.

Productos y procesos abiertos a la participación. Irene Lapuente. Co-creating cultures.

Innovación en cultura. Una aproximación crítica a la genealogía y los usos del concepto. YProductions. Traficantes de Sueños, 2009.

Ciudades Creativas. Volumen 3. Economía creativa, desarrollo urbano y políticas públicas. Fundación Kreanta, 2011

Where Good Ideas Come From. The Natural History of Innovation. Steven Johnson. Riverhead Books, 2010.


[1] Vease por ejemplo la bibliografía reunida en las sesiones de I+C+i desde 2007 o en el proyecto NOW entre 2006 y 2010.

[2] Algunos pensadores, como Edgar Morin, defienden una racionalidad que permita asumir el desafio de la complejidad: la presencia de la incertidumbre, los procesos aleatorios y la indeterminación, en el seno de los sistemas ricamente organizados.

[3] Alusión al libro de Edgard de Bono Seis sombreros para pensar, famoso en el ámbito del managment de la innovación, y una de cuyas múltiples aplicaciones pudo observarse en la ultima sesión de I+C+i dedicada a la Educación Expandida.

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  • jordi güell | 20 mayo 2011

  • Oscar Martínez | 27 junio 2011

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