«La guerra de los mundos»: la invasión transmedia

Repasamos cómo la novela de H. G. Wells se ha transformado en un mundo narrativo transmedia que abarca diferentes medios y formas de expresión.

Ensayo de la serie teatral radiofónica «The Mercury Theatre on the Air», dirigida y narrada por Orson Welles, 1938

Ensayo de la serie teatral radiofónica «The Mercury Theatre on the Air», dirigida y narrada por Orson Welles, 1938 | Wikemedia Commons | Dominio público

Libros, revistas pulp, retransmisiones radiofónicas, películas, fan fictions, cómics, series televisivas, documentales o adaptaciones musicales: La guerra de los mundos ha transmutado en multitud de formas y lenguajes, expandiendo y actualizando el universo creado por Wells.

«¡Ya llegan! ¡Llegan los marcianos!», gritaban los aterrorizados londinenses en las páginas de La guerra de los mundos. No era para menos: los trípodes se acercaban a la gran capital del Imperio destruyendo todo a su paso. Si caía Londres, caía el Imperio, y si caía el Imperio, caía la Tierra… El «romance científico» de H. G. Wells es un relato de ciencia ficción que coquetea con el documental y, por momentos, está salpicado por el género de terror. Por estos motivos, La guerra de los mundos no tardó en posicionarse como una obra de referencia no solo en la ciencia ficción sino también en el imaginario de varias generaciones de lectores, oyentes y espectadores. En efecto, con el correr de los años la novela de H. G. Wells se transformó en un mundo narrativo transmedia que abarcaba diferentes medios y formas de expresión.

Por un lado, La guerra de los mundos fue traducida y publicada en infinidad de formatos, desde libros de tapa dura hasta las amarillentas hojas de las revistas pulp. Pocos meses después de su publicación, el astrónomo y divulgador científico estadounidense Garret P. Serviss sintió la imperiosa necesidad de publicar Edison’s Conquest of Mars, una obra –aparecida de forma serial en 1898 y como libro en 1917– en la que la Tierra envía una flota a Marte para vengar la agresión marciana narrada por H. G. Wells. En 1912, el virus de la invasión también contagió al francés Jean de La Hire, quien escribió una obra, Le Mystère des XV, que pretendía ser una continuación de La guerra de los mundos.

El relato de la invasión marciana no tardó en expandirse más allá de los libros, ya fuera como adaptación o ampliación narrativa con nuevos personajes y acontecimientos. El hiperrealismo de las imágenes bélicas descritas por H. G. Wells será retomado por Orson Welles en su histórica retransmisión de 1938, quizá el episodio radiofónico más relevante en la larga historia de ese medio. También conviene recordar que esa retransmisión tuvo no menos importancia en el campo de los estudios de la comunicación de masas y sus efectos: los medios, aparentemente, podían manipular a sus audiencias y ser más peligrosos que un trípode del planeta rojo. En 1975 se realizó La noche que aterrorizó a América, una estupenda reconstrucción televisiva de la radiotransmisión de Welles dirigida por J. Sargent y escrita por el autor del guion original de Welles, el no menos mítico Howard Koch, guionista de clásicos como El sargento York (1941), Casablanca (1942) o Rapsodia en azul (1945).

Ilustración de Henrique Alvim Corrêa de la edición belga de «La guerra de los mundos» de H. G. Wells, 1906

Ilustración de Henrique Alvim Corrêa de la edición belga de «La guerra de los mundos» de H. G. Wells, 1906 | Wikemedia Commons | Dominio público

El éxito alcanzado por el largometraje El enigma de otro mundo (Nyby-Hawks, 1951) convenció a la Paramount –propietaria de los derechos de La guerra de los mundos desde hacía más de veinticinco años– de la necesidad de llevar a la pantalla gigante la novela de H. G. Wells. La película de Byron Haskin y George Pal (1953) es la primera gran superproducción hollywoodiense dentro del género de la ciencia ficción: los efectos especiales utilizados eran el no va más que podía ofrecer la tecnología a disposición de los estudios; el apoyo logístico por parte de las fuerzas armadas estadounidenses hizo el resto.

La invasión marciana no podía no desembarcar en las páginas de los cómics. Una de las más ingeniosas relecturas de la obra de H. G. Wells –y de su adaptación radiofónica– fue realizada en 1950 por Albert Feldstein, quizás el principal representante del perseguido grupo de historietistas de la EC Comics. Feldstein publicó en Weird Science un cómic titulado «Science-Fiction Radio Broadcast Causes Panic!» que retoma la versión radiofónica de La guerra de los mundos. En la primera parte, Feldstein describe las reacciones de los aterrorizados oyentes de la retransmisión de Orson Welles («Carson Walls» en el cómic). Después de algunos años, la emisora propone el espectáculo por segunda vez pero previo aviso de que se trata de un radioteatro. Durante esta segunda versión, la retransmisión es interrumpida en numerosas ocasiones para informar sobre el aterrizaje de una nave espacial en la periferia de Nueva York. Evidentemente, se trata de una verdadera invasión espacial pero nadie reacciona a tiempo; las comunicaciones se interrumpen y los aeropuertos son destruidos por los invasores. En pocos días la Tierra será totalmente devastada y transformada en una próspera colonia de… Júpiter.

Pero volvamos a la literatura. Kevin J. Anderson fue el encargado de comisariar una antología titulada War of the Worlds: Global Dispatches, que describe la invasión tal como se vivió en diferentes países. Sin embargo, la revisitación literaria más interesante la encontramos en The War of the Worlds of Sherlock Holmes (1975), escrita por M. W. Wellman y W. A. Wellman. Estos dos autores –padre e hijo– introdujeron en la obra de Wells los inolvidables personajes victorianos creados por Arthur Conan Doyle: Sherlock Holmes, el Dr. Watson y el profesor George E. Challenger. En esta versión se relatan de manera alternada las peripecias del brillante detective de Baker Street y la oveja negra del establishment científico británico, «los mejores y más entendidos hombres que me han sido dados a conocer», según las palabras del Dr. Watson.

El 9 de junio de 1978, el músico inglés Jeff Wayne presentó una versión musical de La guerra de los mundos que seguía paso a paso la novela de H. G. Wells. Una semana más tarde, este disco doble entró en las listas oficiales del Reino Unido, donde permaneció durante más de seis años hasta alcanzar el multiplatino (más de seis millones de copias vendidas en todo el mundo). La obra contó con la participación de Richard Burton y otros destacados artistas que prestaron su voz a los personajes. Existe una versión en español con la voz de Anthony Quinn y otra en alemán grabada por Curd Jürgens. Años después, Jeff Wayne se dedicaría a producir videojuegos sobre la invasión marciana ambientados con su propia música.

Antes o después, la madre de todas las invasiones tenía que aterrizar en la pantalla chica. La serie televisiva The War of the Worlds: The Second Invasion (H. Wright, 1988-1990) parte de una inquietante hipótesis: la invasión descrita por H. G. Wells en 1898, así como el largometraje de B. Haskin y G. Pal de 1953, no fueron otra cosa que narraciones de sucesos verdaderamente acaecidos. Afortunadamente, esta mediocre serie duró solo dos temporadas. La televisión del siglo XXI no ha sido mucho más generosa con la obra de H. G. Wells: las dos series más recientes parecen desplazarse por los mismos carriles conformistas. Una de ellas está ambientada en el periodo victoriano y nos relata las peripecias de una pareja de amantes en medio del ataque marciano (La guerra de los mundos, C. Viveiros, 2019); la otra acerca la invasión a nuestros días, pero con un resultado narrativo tan pobre como el de las anteriores producciones (Encuentros en la tercera fase, H. Overman, 2019).

Todo mapa transmedia de la obra de H. G. Wells está obligado a incluir el largometraje de Steven Spielberg. Lejos de la mística de Encuentros en la tercera fase (1977) y la edulcorada E.T. (1982), su versión de La guerra de los mundos (2005) se mueve entre Tiburón (1975) y Salvar al soldado Ryan (1998). Esta adaptación se estrenó cuando las heridas del 11S seguían aún muy abiertas y los Estados Unidos estaban en plena cruzada contra Bin Laden: «¿Son terroristas?», pregunta Rachel a su atribulado padre al sentir las primeras explosiones. Pero hay una escena donde Spielberg saca a relucir su lado más oscuro; en ella, el personaje más escalofriante no es un marciano sino un humano interpretado por Tim Robbins. Es como si Spielberg nos estuviera diciendo que el enemigo no solo viene de Marte: también está dentro de nosotros.

Quizá dos de las mejores vueltas de tuerca a la historia de H. G. Wells provienen del docudrama. Existen dos obras que no podemos dejar de mencionar en este mapa transmedia: tanto War of the Worlds: The True Story (T. Hines, 2012) como La gran guerra marciana 1913-1917 (S. Maher y S. Sarossy, 2013) son sendos falsos documentales que recuperan y manipulan digitalmente imágenes de la Primera Guerra Mundial para respaldar la hipótesis de que realmente hubo una invasión marciana a finales del siglo XIX. Resulta más que inquietante ver a los gigantescos trípodes pasearse entre las trincheras de la Gran Guerra en una vieja película de celuloide ni siquiera restaurada.

Finalmente, este rápido recorrido por las expansiones de La guerra de los mundos no puede acabar sin las producciones de los fans. Tal vez no son tantas si las comparamos con los cientos de miles de relatos generados por Harry Potter o Crepúsculo, pero la fan fiction nunca nos defrauda: mientras escribo estas líneas tengo abierta en la pantalla una historia escrita por un(a) tal Dragons123d que nos cuenta que algunos marcianos alcanzaron a replegarse a su planeta llevándose un bebé con ellos. El niño será criado en el planeta rojo y llegará a convertirse en un gran general de sus tropas. Su nombre: Hadrian «Harry» James Potter.

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