Avatares, ciborgs y robots: ¿puede aumentarse la humanidad? (II)

La codificació de l’ésser humà i l’augment de processament dels ordinadors ha fet possible crear màquines capaces de respondre a les nostres accions.

Helene Alberti con su prótesis voladora para demostrar la ley griega del movimiento cósmico.

Helene Alberti con su prótesis voladora para demostrar la ley griega del movimiento cósmico. Fuente: Cortesía de la Boston Public Library, Colección Leslie Jones.

La codificación del ser humano a datos y el aumento de la capacidad de procesamiento de las computadoras ha hecho posible crear entornos y máquinas capaces de adaptarse y responder a nuestras acciones. Una interacción mediada por el procesamiento de información, que ha evolucionado de la proyección de nuestros cuerpos y movimientos en un entorno virtual a la creación de prótesis electromecánicas y ambientes reactivos. Esta simulación del ser humano ha dado lugar a sistemas autónomos capaces de sentir el ambiente y conocerlo para adaptarse y actuar en él. Robots guiados por una inteligencia artificial, que, alimentada por el aluvión de datos que hemos generado, podría escapar a nuestro control y trascender los límites de lo humano.

Los robots son máquinas electromecánicas guiadas por un programa, que les confiere una mayor o menor autonomía, conforme a su capacidad de captar y procesar información del ambiente. Estas máquinas han sido creadas para cubrir una gran diversidad de funciones, como sustituir al ser humano en tareas peligrosas o realizadas en terrenos adversos, asistirlos en tareas que requieren de una gran precisión, o acompañarlos en sus juegos con finalidades lúdicas o terapéuticas. Los avances en biónica e inteligencia artificial ‒un trabajo de biología sintética dirigido a comprender el funcionamiento de la inteligencia mediante la producción de sistemas artificiales que reproducen sus funciones‒ permiten especular con un posible futuro en que el ser humano interactuaría con humanoides autónomos, simulaciones mecánicas de sí mismo que avanzarían hacia un cada vez mayor perfeccionamiento.

ASIMO (Advanced Step in Innovative mobility) Robot humanoide producido por Honda en el año 2000.

ASIMO (Advanced Step in Innovative mobility) Robot humanoide producido por Honda en el año 2000. Fuente: Wikipedia Commons.

Aunque algunos robots están alcanzando niveles de autonomía notables dentro de ambientes controlados y conocidos o en la realización de funciones específicas, la inteligencia artificial está lejos de ser encarnada en los androides rebeldes de las novelas de Isaac Asimov o los bellos y sensibles replicantes de Blade Runner . Sin embargo, esta se encuentra desmaterializada y distribuida en aplicaciones de Internet con las que interactuamos a diario generando datos, que estos agentes virtuales procesan para ofrecer nuevos modos de interacción y aumentar la eficiencia y capacidad de respuesta de este ambiente. Recientemente Google ha abierto parte del código de Tensorflow, el motor de inteligencia artificial utilizado en su sistema de visión computerizada, que permite utilizar imágenes para realizar búsquedas en Internet, o su traductor en línea. Tensorflow se basa en la tecnología del aprendizaje profundo (Deep Learning), la programación de una red neuronal que aproxima la red de neuronas que constituyen el cerebro humano, y que, después de ser alimentada con grandes cantidades de datos, es capaz de reconocer patrones en los mismos, lo que le permite aprender a realizar una tarea específica. El potencial de procesar datos, más allá de la capacidad humana, hace de la inteligencia artificial un aliado deseable para enfrentarse con los problemas complejos que amenazan nuestro mundo, como el cambio climático, la superpoblación o la pobreza. Pero, al mismo tiempo, su implementación en máquinas autónomas, como drones militares capaces de asignarse un objetivo y eliminarlo o coches sin conductor, ha llevado a científicos reconocidos, entre ellos Stephen Hawking, a alertar de sus peligros: «La inteligencia artificial es uno de los mayores logros de la humanidad, pero también podría ser el último si no aprendemos a controlar sus riesgos». Estos riesgos estriban en la posibilidad de una singularidad.

Singularidad es un término acuñado por el científico y autor de ciencia ficción Vernon Vinge para hacer referencia a una explosión de inteligencia, la emergencia de una inteligencia artificial fuerte capaz de reproducirse a sí misma y evolucionar hasta que la especie humana resulte superflua. La posibilidad de la singularidad ha llevado a especulaciones ficcionales en las que las máquinas toman el poder en una lucha por la autoconservación, llevando a un enfrentamiento abierto para el exterminio de los humanos en la saga Terminator o a su sometimiento en la saga Matrix, en que los humanos son conectados a un mundo virtual, mientras sus cuerpos son usados como fuentes de energía. Pero también al establecimiento de centros de investigación destinados a estudiar los efectos que esta tecnología y sus usos tienen sobre la sociedad. Desde su uso en el control del consumo, en el caso de algoritmos de filtrado de información que nos hacen sugerencias en las redes sociales y tiendas en línea o las implicaciones éticas en sus aplicaciones militares, hasta su potencial participación en la destrucción del mundo o la superación de las barreras físicas del ser humano hacia una hipotética inmortalidad. En este sentido, Elon Musk, cofundador de Pay Pal conjuntamente con Stephen Hawking y otros destacados científicos, ha firmado la carta abierta sobre inteligencia artificial. Además, recientemente, ha dotado con un billón de dólares la fundación de la compañía sin ánimo de lucro Open AI, destinada al estudio y la promoción de aplicaciones de la inteligencia artificial con un impacto social positivo. Otro centro destinado al estudio de los riesgos existenciales de la IA es el Instituto para el Futuro de la Humanidad (Future of Humanity Institute) de la Universidad de Oxford, dirigido por el reconocido transhumanista Nick Bostrom, autor del bestseller Superintelligence: Paths, Dangers, Strategies. En esta obra el autor investiga el camino trazado en la evolución de esta tecnología, alertando de los avances potencialmente peligrosos para el ser humano y propone descartarlos, en beneficio de aquellos que contribuyen a su mejora o la promoción de la humanidad. Un aumento de la humanidad que, para algunos, culminaría en la producción de una emulación completa del cerebro, capaz de albergar la conciencia humana en una unión completa entre hombre y máquina, mediante la cual el hombre alcanzaría la inmortalidad.

En el lado opuesto de los ciberpunks y sus mentes enchufadas a ciberdistopias, modeladas en 3D o soportadas en las redes neuronales de supercomputadoras, se halla el ciberfeminismo y su reclamación de una política surgida de la experiencia diaria de nuestros cuerpos e informada por nuestras capacidades para relacionarnos y construir con entidades humanas y no humanas. Un colectivo para el que el ciborg no es un progreso hacia la superación del ser humano, sino un lugar de ironía, desde donde experimentar nuevas conexiones con agentes artificiales que nos permitan redefinir nuestras identidades, cuerpos, sexualidades e incluso géneros. Este grupo basa sus prácticas en la estrategia del conocimiento situado, propuesto por Donna Haraway en su obra Modest_Witness@Second_Millennium. FemaleMan©_Meets_ OncoMouse TM, un modo de entrar en las contradicciones de nuestro mundo sociotécnico, sus posibilidades y peligros, rechazando la neutralidad de la ciencia y su progreso ineludible en favor de una alfabetización más amplia, profunda y abierta. La elaboración de un conocimiento accesible y producido colectivamente que permita reconocer los procesos de poder, artefactos y prácticas que están dando forma a la ecología sociotécnica en la que habitamos. La posibilidad de extraer datos de nuestro entorno y nosotros mismos y operarlos matemáticamente nos ha dado la capacidad de aumentar nuestras capacidades y rediseñar nuestro entorno, pero, al mismo tiempo, está privilegiando una definición corporativa del ser humano basada en criterios de utilidad y eficiencia que controla las diferencias hacia una estandarización productiva. El ciberfeminsmo y otros grupos afines se implican en prácticas hibridas para proponer el reconocimiento de las diferencias como fuente de diversidad y promoción de nuevas posibilidades. Se trata de considerar el futuro no como fin, sino como posibilidad inagotable, y de promover la participación colectiva en su formación, como aquello que nos hace seguir siendo más humanos.


Artículo publicado en relación con la exposición +HUMANOS El futuro de nuestra especie

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