Anil Seth: «La realidad es una alucinación controlada»

Una conversación con el neurocientífico sobre qué es la consciencia, cómo la podemos estudiar y qué implicaciones puede tener su conocimiento.




Con su inagotable actividad divulgativa y teorías como la de las predicciones que realiza nuestro cerebro en el momento de percibir la realidad y configurar la experiencia que obtenemos, el neurocientífico británico Anil Seth se ha convertido en una de las voces más representativas y autorizadas en el estudio de la consciencia. Es autor de numerosos artículos de referencia y de un libro, éxito de ventas, con el que intenta explicarnos el significado de la sensación de ser nosotros mismos: no habla de identidad, tan solo nos empuja a ser conscientes de lo que comporta el privilegio de ser un organismo que vive y lo sabe.

Necesitamos saber quiénes somos para sobrevivir. Y somos alguien porque somos algo, es decir, porque tenemos «la experiencia de ser un organismo vivo». Como el gran divulgador que es, Anil Seth (Inglaterra, 1972) presenta su objeto de estudio y algunas de las conclusiones más complejas que extrae de una manera atrayente, a pesar de que el ejercicio que propone exige analizarnos desde las experiencias más esenciales, donde la ciencia limita con la filosofía. Huye de términos como «misterio», porque ante la inmensidad del desconocimiento está la posibilidad del aprendizaje.

Profesor de Neurociencia Cognitiva y Computacional en la Universidad de Sussex, es experto en los mecanismos a través los cuales nuestro cerebro capta la información más relevante para nuestra supervivencia. Así, para abordar un tema tan amplio y controvertido como es el de la consciencia, parte de definiciones simples pero no sencillas, como, por ejemplo, que ser uno mismo –con los matices y dificultades que ha supuesto históricamente la traducción del término self– consiste en ser como los otros seres son al ser. Ampliando el foco, entendemos, pues, que el primer paso para comprender el conjunto de percepciones que configura nuestra experiencia de ser es observar al otro que tenemos delante y los fenómenos del entorno que nos provocan las percepciones. Esta definición de partida se inspira en gran medida en la obra del pensador Thomas Nagel. Para la investigación que está llevando a cabo Anil Seth, la filosofía disfruta de una relevancia al mismo nivel que otras disciplinas científicas como la biología, la neurología, la física o la química.

En un momento en el que los avances científicos y tecnológicos parecen haber conseguido mostrarnos cuáles son los sistemas y mecanismos que hacen posible la vida, un gran reto que se plantea ahora, desde la neurociencia, es el funcionamiento de la consciencia. «De la misma manera que en ciencia ya nadie se pregunta por qué existe el universo, es un error preguntarnos por qué existe la consciencia y plantearla como un misterio, lo que hay que hacer es estudiar y analizar sus propiedades para entender mejor el funcionamiento del cerebro y del cuerpo», comenta.

Antonio Damasio y Anil Seth | Los misterios de la conciencia

Fruto de las indagaciones que realiza con su laboratorio son el ensayo divulgativo Being You. A New Science of Consciousness (publicado por Faber & Faber en el Reino Unido), obra de referencia y éxito de ventas internacional, cuya traducción en español aparecerá en la primavera de 2023; el volumen divulgativo 50 temas fascinantes de la neurociencia (publicado en España por Blume) y las numerosas conferencias que imparte por todo el mundo. Lidera diversos centros de investigación, como el Sackler Centre for Consciousness Science o el Canadian Institute for Advanced Research, y es editor y asesor de destacadas publicaciones científicas especializadas en los estudios del cerebro.

En octubre de 2022 participó en Barcelona en un encuentro público con el también neurocientífico Antonio Damasio en el marco de la Bienal de Pensamiento y de la exposición «Cerebro(s)» en el CCCB. Durante la misma visita, en el transcurso de un seminario con Richard Solé, comisario de la exposición y profesor investigador ICREA, debatió algunas de sus teorías más controvertidas con otros responsables de centros de investigación de toda Cataluña. La posibilidad de medir los diferentes grados de consciencia en las personas y la diferencia entre consciencia (consciousness) y la capacidad de estar conscientes (awareness) captaron la mayor parte del tiempo del debate. También presentó el proyecto Dreamachine-The Perception Census», que lidera junto a la profesora de filosofía de la Universidad de Glasgow Fiona MacPherson. Se define como el primer proyecto de ciencia ciudadana sobre diversidad perceptual, e invita a la población de todo el mundo a tomar parte en experimentos a través de sus ordenadores y dispositivos para almacenar las infinitas formas de percepción que se dan en el mundo.

Partiendo de las constataciones que ha hecho posibles la neurociencia, como que el cuerpo humano es una especie de máquina biológica de percepciones con la que construimos nuestra sensación de realidad y que, a partir de todas estas percepciones, nuestro cerebro envía una serie de instrucciones a nuestro cuerpo para que actúe en consecuencia con su entorno, Seth sitúa su análisis en la grieta o rendija que se produce entre la experiencia que obtenemos de estas percepciones y la aparición de la consciencia. O, como expresa en 50 temas fascinantes de la neurociencia: allí donde nadie sabe todavía cómo el agua del cerebro genera el vino de la consciencia. Aquí radica «el problema difícil» de la neurociencia que señaló otro filósofo, David Chalmers. Aunque, según Seth, todavía sabemos muy poco acerca de esta rendija, como ya hemos mencionado, no podemos hablar de misterio: la ciencia ha de investigar el funcionamiento del cerebro y del cuerpo para entender los mecanismos de la consciencia que dan sentido a los fenómenos que experimentan. De tales observaciones surge su teoría de las predicciones, que fue uno de los pocos puntos de cordial divergencia en el encuentro con Damasio. Ateniéndonos a ella, el hecho de que nuestra experiencia de la realidad se componga de las percepciones que recibimos a través de nuestros órganos y que el cerebro ordena, no debe entenderse como que el mundo nos penetra y nosotros lo asimilamos. A juicio de Seth, el cerebro siempre está haciendo predicciones de lo que sucede en el mundo, unas expectativas que se complementan y se confirman o modifican según las experiencias que obtenemos del contacto con el entorno.

Para conseguir hacerse entender con la eficacia que le caracteriza, Anil Seth habla de la realidad como «de alucinación controlada»: «nuestras experiencias son el contenido que el cerebro lanza desde dentro hacia fuera, previendo lo que hay en el mundo, y la información de los sentidos nos vincula con lo que hay en la realidad para que sea útil para nuestro organismo». Por tanto, la alucinación no es una percepción falsa o de algo que no existe, sino una percepción modelada por nuestro cuerpo y controlada por el cerebro, que aplica una especie de plantilla previa para dotar de significado a lo que se ha sentido. De esta manera, la nueva experiencia nos resulta de utilidad para movernos por la Naturaleza a la que pertenecemos. Un ejemplo de esta alucinación controlada son los colores: «ya sabemos que los colores no existen en la Naturaleza, pero la evolución nos hizo interpretar la realidad en colores porque era más útil para nuestra supervivencia».

La supervivencia y una relación no traumática con lo que nos rodea es siempre el objetivo de los seres. Esta es la declaración de principios claramente materialista que Seth tiene bien presente, aunque se declara comprensivo con teorías y tradiciones culturales que han intentado explicar la consciencia desde otras vertientes: «El psicoanálisis fue útil para investigar aspectos del subconsciente, en su época no tenían más herramientas para estudiar el cerebro; y ahora es una herramienta de terapia o de crítica literaria». Rechaza cualquier teoría que hable del espíritu o alma como una especie de «chispa o polvos mágicos» que emerge de la materia y que puede desprenderse una vez esta muere, pero conecta con teorías que hablan «de experiencias básicas como los recuerdos, las emociones, el humor… el sentimiento de estar vivo. Esta es la raíz de todas las experiencias de la consciencia, esta percepción básica que tiene el cerebro del estado fisiológico del cuerpo».

El cerebro que es consciente de sí mismo y que se piensa a sí mismo: una situación que, necesariamente, reclama el complemento de la filosofía. Entre las principales teorías, la de la fenomenología. Seth ha colocado el origen de la experiencia de ser en una percepción germinal del cuerpo como fenómeno a controlar. Y «no solo para sobrevivir, sino para estar más cómodos». De nuevo, las afirmaciones breves de Seth propician todo un despliegue de significados: para contribuir a un orden global hay que colocar bien los objetos y eventos que percibimos, y por eso no es suficiente con ser inteligentes. Estamos avisados: no hay que confundir la consciencia con la inteligencia. Ya hemos visto que la segunda sí puede ser artificial, mientras que la primera, «si llegáramos a construir consciencia artificial, seguramente estaríamos ante un problema ético». Aunque los avances de la inteligencia artificial, de la realidad virtual o de otras computacionales han contribuido al desarrollo de la ciencia, de la medicina y a la transformación social, esto no obsta a que haya que hacerse la pregunta de si es necesario crear máquinas tan parecidas al ser humano: «podríamos llegar a crear una ilusión cognitiva, y eso sería realmente difícil de gestionar». Sin embargo, su confianza en la ciencia, la tecnología y la filosofía es mucha y se muestra seguro de que cualquier descubrimiento o hallazgo es motivo de optimismo, para combatir las enfermedades neurológicas y mentales, para conocer mejor al ser humano y para continuar encontrando las preguntas adecuadas.

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