El Ministro del Futuro

Timothy Morton representa a los herederos del planeta, humanos y no humanos, cuya existencia vendrá determinada por lo que hacemos y cómo pensamos a partir de ahora.

Un bebé y un perro en un velero. Sydney, c. 1910 | Samuel J. Hood, Australian National Maritime Museum | Sin restricciones conocidas de derechos de autor

Un bebé y un perro en un velero. Sydney, c. 1910 | Samuel J. Hood, Australian National Maritime Museum | Sin restricciones conocidas de derechos de autor

Ser consciente del futuro de manera ecológica significa ser consciente que hay muchas más escalas temporales (y espaciales) que los humanos tendrían que tener en cuenta y reflexionar. El Ministerio del Futuro es una iniciativa artística dentro de la exposición Después del fin del mundo para convencer a los gobiernos del mundo de que habiliten mecanismos para la política a largo plazo. El primer ministro del Futuro es encarnado por el filósofo Timothy Morton, creador de conceptos como «hiperobjeto» y «ecología oscura», y uno de los pensadores de referencia mundial preocupados por imaginar una nueva relación con el planeta. Reproducimos aquí el discurso que leyó en la inauguración de la exposición donde explica las funciones de este nuevo ministerio y reflexiona sobre los conceptos de «Fin del mundo», «Futuro», «Vida» y «Arte», entre otros.

 

Me llamo Timothy Morton y he sido nombrado Ministro del Futuro por la buena gente aquí en el CCCB.

He venido en avión desde Houston, Texas, y obviamente, aún estoy bajo los efectos del jet lag. Una parte de mi aún está en Houston. Otra parte quedó desparramada sobre el océano Atlántico. Mi alma aún no se me ajusta al cuerpo, por así decirlo. Y esta sensación es exactamente de lo que os quiero hablar hoy. Ser ecológicamente consciente significa tener sensaciones como el jet lag. Quiere decir darse cuenta que te sientes desparramado, que tu mente aún no se corresponde a las condiciones físicas actuales. Y eso explica algo profundo sobre el tiempo, algo que nuestro mundo, tan bien medido, esconde. Os contaré más al respeto en un rato. Esperad un momento.

Me gustaría daros la bienvenida a esta presentación, que tiene por título Después del fin del mundO.

¿Qué significa, el fin del mundo? Significa el fin de la idea que el ser humano es la única entidad del universo que puede definir qué es la realidad. Quiere decir que hay muchísimas entidades no-humanas en nosotros, que nos penetran, que nos permiten existir, que acechan por el horizonte listos para pulverizar, o más bien, pulverizando el escenario aparentemente estable –porque hace tiempo que dura– donde parece que actuemos. Quiere decir que lo que llamamos naturaleza ya nunca más será natural, porque no se comporta como un decorado neutral y bonito para nuestro drama humano. Una parte del escenario se nos cae encima y duele. Se está deshilachando y detrás vemos todo de cosas que no queríamos ver.

Se podría decir que el fin del mundo ya ocurrió. El calentamiento global ya ha empezado. No es lo mismo que decir que todos moriremos o que nada importa. Quiere decir que ya no podemos vivir más como si estuviéramos entre algodones, algodones reales o imaginarios. El fin del mundo ha empezado, sino no podríais sentir lo que acabo de decir sobre escenarios que se colapsan. No hagáis caso a la gente que os advierta que el fin se acerca. A su manera, quieren ayudar. No es un apocalipsis religioso y no vamos a recibir ningún premio ni seremos castigados. Más bien es como aquellas películas en las que la protagonista se da cuenta que está muerta.

Soy el Ministro del Futuro, lo que significa tres cosas.

La primera: significa que soy responsable de aquello que aún no existe. Y estos seres dependen profundamente de lo que hacemos nosotros ahora mismo. En el futuro, dos cosas serán ciertas. Serán más ciertas a medida que miréis en un futuro más lejano.

1: yo, como Timothy Morton, esta persona en concreto, cada vez seré cada vez menos relevante, menos importante.

2: cada cosita que Timothy Morton haga, cada vez será más relevante, más importante.

Salas de espera de la exposición «Después del fin del mundo» | © CCCB, 2017. Autor: Gunnar Knechtel Photography

Salas de espera de la exposición «Después del fin del mundo» | © CCCB, 2017. Autor: Gunnar Knechtel Photography

Hacer esto (mover un pequeño objeto como un vaso unos cuantos centímetros) significará algo enorme de aquí a cien mil años.

Cien mil años es el periodo de tiempo máximo del calentamiento global. Vale. Esto me lleva a la Segunda Cosa.

Ser consciente del futuro de manera ecológica significa ser consciente que hay muchas más escalas temporales (y espaciales) que los humanos tendrían que tener en cuenta y reflexionar. El calentamiento global durará hasta dentro de 100.000 años: el 7 % de los efectos del calentamiento global aún estarán sucediendo, mientras son absorbidos lentamente por rocas ígneas.

Otro periodo son 30.000 años. De aquí treinta mil años, las corrientes oceánicas habrán absorbido la mayoría de los derivados de carbono, pero en la atmosfera, aún quedarán, en suspensión, un 25%. La vida media del plutonio 239 es de 24.100 años. Estos periodos son tan grandes como la historia entera de la Humanidad, o más. Las pinturas de la cueva de Chauvet, en Francia, están datadas de hace 30.000 años.

Otro periodo temporal son 500 años. El 75% de los efectos del calentamiento global aún persistirán dentro de quinientos años. Intento imaginarme como era la vida el 1511.

Ninguna de estas escalas temporales es menos real que la otra. Y tienen alguna cosa en común. Todas estas escalas se pueden predecir, de una manera u otra. Podemos calcular, computar, extrapolar que habrá pasado de aquí muchos años, muy adelante en el futuro.

Esto es el futuro mesurable. Soy el Ministro del Futuro Mesurable. Soy responsable de los seres, humanos y no humanos, los que aún no existen, la existencia de los cuales vendrá determinada por lo que hacemos ahora, por cómo pensamos ahora. Todas nuestras decisiones están influenciadas por ellos, si lo pensáis bien. ¿Aceleraréis al doblar la esquina o reduciréis la velocidad por si acaso hay alguien o alguna cosa? El CCCB acaba de anunciar, oficialmente, que podemos preocuparnos de ello, que tendríamos que preocuparnos de ello.

Pero también soy el Ministro del Futuro Inconmensurable. ¿Qué quiere decir eso? Soy el ministro de la posibilidad del futuro. Soy el ministro de lo futurible, como dicen algunos. De la calidad futurible, de la «futuralidad», si queréis decirlo así.

Este tipo de futuro no es predecible. Este tipo de futuro es el futuro que permite que suceda el futuro predecible. En términos vitales, es la posibilidad que haya vida, de la vida tal y como la conocemos. La vida, que siempre tiene esta necesaria calidad de futuro abierto.

Este tipo de futuro, por lo que respeta nuestra implicación como humanos, tiene otro nombre.

Salas de espera de la exposición «Después del fin del mundo» | © CCCB, 2017. Autor: Gunnar Knechtel Photography

Salas de espera de la exposición «Después del fin del mundo» | © CCCB, 2017. Autor: Gunnar Knechtel Photography

La palabra para este tipo de futuro es arte. El arte es el futuro y yo soy el Ministro del Futuro. Sostengo la puerta abierta para enseñaros que hay otras posibilidades más allá de la puerta. El arte es la puerta. El arte no es solo un cuadro o una representación. El arte es acción, artesanía, creación. El arte es causa y efecto. Y el arte es el futuro. ¿Qué significa una obra de arte? ¿Qué es una obra de arte, al fin y al cabo? No lo sabemos… aún. Esta sensación de «aún no», no se va. Acompaña lo que pasa ahora, como un fantasma. Como la luna que veis por la ventana de un coche que corre: parece que te siga, que flote a tu lado. El arte deja abierta la posibilidad que las cosas sean diferentes, y si sois como yo, de verdad que os gustaría que muchas cosas fueran diferentes, al menos algunas.

Por eso estoy muy emocionado de poder ser Ministro del Futuro aquí. No soy el gobernante, soy el ministro. Apunto hacia la apertura que llamamos futuro, la mantengo abierta y os pido que esperéis mientras el arte pasa. He hecho estas salas de espera en nuestro espectáculo, porque esperar es la asignatura principal, el ingrediente básico en la era del calentamiento global. ¿Ha empezado? ¿Cuándo empezará de verdad?¿Qué va a pasar, entonces? ¿A quién? Todas estas sensaciones tiene que ver con habitar un espacio donde hay otras entidades a parte de los humanos, entidades como el huracán donde estuve hace pocas semanas, en Houston, y estas entidades tienen su propio compás, que tengo que seguir.

Aquel armatoste, que parecía una nave extraterrestre gigante, hacía días que flotaba sobre Houston. Te tenías que esperar. Era tiempo-huracán, no tu-tiempo. Esperar despierta muchos sentimientos, la mayoría poco agradables. Acostumbrarte a estos sentimientos para no hacernos daños los unos a los otros o correr por ahí como pollos sin cabeza cada vez será más importante.

Esperar implica un futuro incierto, abierto. El arte es un futuro abierto, ¿recordáis? El arte mantiene abierto este espacio de espera y así lo podemos estudiar, acostumbrarnos a él y que se nos ocurran cosas en medio de la desazón.

Así que me gustaría daros la bienvenida al futuro, que está ocurriendo ahora, como las sombras de esta sala. Y me gustaría presentaros a los artistas del espectáculo: Benjamin Grant, Natalie Jeremijenko, Charles Lim, Rimini Protokoll, Tomás Saraceno, Superflux, Unknown Fields Division (Kate Davies y Liam Young). Y a los encantadores  comisarios, Rosa Ferré y José Luis de Vicente.

Y ahora, como una sombra, callaré y dejaré que hablen los otros. Gracias.

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