¿Y si Internet fuese el aliado de la diversidad lingüística?

El 54 % de los contenidos de Internet están en inglés. Nos preguntamos por el resto de idiomas a partir del caso del continente africano, donde se habla un tercio de las lenguas del mundo y los activistas culturales se aprovechan del entorno digital para reivindicarlo.

Mercado de fruta en Zanzíbar, 1890-1923

Mercado de fruta en Zanzíbar, 1890-1923 | Library of Congress | Dominio público

Más de la mitad de los contenidos de Internet están escritos en inglés y, a menudo, la Red amenaza con desencadenar un apocalipsis cultural que acabará con la mayor parte de las lenguas del mundo. África alberga un tercio de la diversidad lingüística del planeta y, a pesar de la aparente vulnerabilidad de sus lenguas nacionales, los activistas culturales están explotando todo el potencial del entorno digital para mantener ese patrimonio cultural, a través de métodos de aprendizaje o visibilidad e, incluso, para acercar la Red a aquellos a los que no llegan los desarrollos comerciales.

Si el 54 % de los contenidos de Internet están en inglés, ¿qué pasa con el resto de los 7.100 idiomas que se hablan en el mundo? Internet parece una especie de apisonadora al servicio del inglés (y de un reducido puñado de idiomas) y de la homogeneización lingüística. La realidad de los datos muestra que la Red tiene potencial para desencadenar ese apocalipsis cultural. Sin embargo, mirando con atención se observa un número nada despreciable de iniciativas de resistencia, más aún, de iniciativas que intentan convertir la amenaza en oportunidad.

El de las lenguas africanas es un escenario representativo, por diferentes motivos. Según los datos del proyecto Ethnologue, prácticamente una de cada tres lenguas que se habla en el mundo es originariamente africana, es decir, el continente alberga un 30 % de la diversidad lingüística del planeta. Al mismo tiempo, África es la región con menor penetración de Internet, es decir, con menor mercado actual. El panorama empeora. Si le sumamos la escasa producción tecnológica africana, parece que las nubes de tormenta se acercan. Y si además tenemos en cuenta que ninguno de los idiomas originariamente africano puede presumir de generar más del 0,1 % del contenido de Internet, según los datos de w3tech, parece que los nuevos tiempos tecnológicos y la era digital han dictado sentencia de muerte sobre la mayor parte de las 2.144 lenguas que se hablan en África.

Pero, en medio de la adversidad, aparecen indicios que desafían la fatalidad. El informe de Funredes, el observatorio de la diversidad lingüística y cultural en Internet, en una fugaz pero esperanzadora referencia señala: «Las mejores progresiones (de presencia en los contenidos de Internet) se corresponden con lenguas africanas y asiáticas». Y, a la vez, destacan modestas iniciativas que, desde el activismo cultural, reclaman el papel de las lenguas africanas o, incluso, que están convencidas de poder usar las herramientas digitales para garantizar la supervivencia de estos idiomas.

La asociación de blogueros guineanos, Ablogui, tiene una comisión dedicada a las lenguas cuyo objetivo es fomentar la generación de contenidos en alguna de las lenguas nacionales. Tafsir Balde es su responsable y reconoce que «el hecho de que solo una decena de lenguas copen el 90 % de los contenidos en Internet constituye una amenaza para las lenguas africanas». Sin embargo, lejos del derrotismo, este bloguero afirma que «ese es el motivo por el que tenemos que promover necesariamente el plurilingüismo y velar por que los contenidos web sean accesibles en el mayor número de lenguas posibles, para preservar esa diversidad lingüística y cultural». A pesar de la certeza del riesgo, Balde hace un análisis positivo: «A partir de mi experiencia en la promoción de las lenguas africanas, creo que Internet es una oportunidad para ellas en la medida en que el entorno digital puede ofrecer herramientas eficaces para su expansión».

Una lectura similar hace Sinatou Adedje Saka, una periodista beninesa afincada en Francia y una de las impulsoras de la plataforma Idemi, un instrumento que pretende hacer más visibles las lenguas africanas a través de las herramientas digitales. «Partiendo de la base de que las lenguas africanas están amenazadas, creo que, objetivamente, Internet es una oportunidad. El problema es que hoy Internet está dirigido por corporaciones estadounidenses que tienen el monopolio de todo lo que se comunica, pienso en Google o Facebook, y eso ha desnaturalizado el espíritu original de libertad e inclusión», se lamenta la periodista. «Son empresas privadas, con intereses privados, en las que no se puede confiar para la promoción de lenguas que no generen un rendimiento económico», añade.

A pesar de eso, Sinatou Adedje Saka es optimista. «Más allá de la discusión sobre los problemas de diversidad en el espacio digital», asevera, «Internet es una oportunidad porque puede desenclavar territorios; puede hacer las lenguas más visibles; puede aportarles herramientas nuevas, y abre debates muy interesantes sobre la transcripción de esas lenguas». «Hay mucho trabajo por hacer», afirma, «porque las grandes maquinarias de Internet solo prestan atención a lo que genera beneficios, pero hay un potencial muy grande de visibilidad y de conexión de diferentes círculos de reflexión, para superar las barreras que tienen en el mundo digital».

Una de las oportunidades que se abre para la cultura en lenguas africanas es la de la literatura. Un ejemplo de esta dinámica es la iniciativa de traducción del cuento «La revolución vertical», del keniano Ngũgĩ wa Thiong’o. Lo que el colectivo panafricano de escritores Jalada lanzó como una celebración de la diversidad lingüística africana acabó contagiando a idiomas de todo el mundo, en muchos casos, también minorizados y ha convertido este relato, escrito en kikuyu, en uno de los veinte relatos más traducidos de la historia, disponible en 87 lenguas.

Moses Kilolo fue el responsable de ese proyecto como redactor jefe de Jalada y explica que existe una considerable producción literaria en lenguas africanas, pero que el principal reto (y el freno) es la publicación. «Es un negocio», recuerda Kilolo, que apunta que los editores «analizarán los costos de la publicación de trabajos en idiomas africanos y el retorno de la inversión, así que las cifras pueden no ser siempre atractivas y desanimar al escritor y al editor».

Sin embargo, para este escritor que tiene la experiencia de explorar formas de publicación poco convencionales, «el trabajo de publicación en idiomas africanos a través de plataformas digitales ha aumentado en los últimos años». Y apunta dos razones: «El poder de contar nuestras historias en nuestros propios idiomas, como fuente de orgullo cultural y de preservación. Y la publicación en línea reduce mucho los costos. Solo necesitas conexión a Internet, alojamiento web, escritores y editores y ya tienes una bonita publicación en línea. Compartirla es relativamente fácil, ya que muchas personas tienen los dispositivos adecuados y pueden acceder desde cualquier lugar. Se eliminan dos de los mayores costos de publicación: la impresión y la distribución», concluye.

Kilolo, sin embargo, no pasa por alto el principal inconveniente de este sistema: «Es muy difícil ganar dinero en línea, aunque no es imposible. La solución es un híbrido de publicaciones impresas y en línea. El mayor acceso a la publicación en línea promoverá el objetivo de fomentar obras en idiomas africanos y brindar a los lectores la oportunidad de acceder a ellas. La monetarización de estas plataformas lo hará sostenible para los escritores y las plataformas. Sin embargo, monetarizar las plataformas en línea tiene sus dificultades, un enfoque híbrido con publicación impresa es útil para ganar más dinero y sostener toda la industria», resume Kilolo.

Partiendo de estos ejemplos y del entusiasmo de activistas culturales, vemos cómo el entorno digital se despliega como un aliado de las lenguas africanas, a través de herramientas de aprendizaje sencillo (o como mínimo accesible) de estos idiomas; de funcionalidades que aprovechan el atractivo que las redes sociales ya han demostrado y lo ponen al servicio de quienes no están en el radar de las grandes compañías, o de útiles que reducen las barreras idiomáticas.

Afrilangues.com, por ejemplo, es una web que ofrece la posibilidad de acceder a clases de una docena de lenguas africanas a través de diferentes formatos. Egbe es una aplicación que permite aprender (o, al menos, acercarse) al mina, una lengua que hablan algo más de 300.000 personas en Togo y Benín. Igual que «Je parle le bassa 2.0», que combina una aplicación móvil y un canal de Youtube para promover el aprendizaje de una lengua hablada por dos millones de personas, sobre todo en Camerún.

En otra línea, los desarrolladores y los emprendedores africanos están intentando hacer virtud de la necesidad y sacar partido de lo que para otros es un obstáculo, la diversidad lingüística y la falta de alfabetización en lenguas europeas. El ingeniero de Mali Mamadou Gouro Sidibé creó Lenali, una red social con dos particularidades. La primera era que funcionaba en idiomas de África occidental como el bambara, el soninke, el wolof o el sonray, además del francés. La segunda particularidad era que se trataba de una red social completamente vocal, es decir, Sidibé pensó especialmente en quienes no sabían leer ni escribir, para poner a su disposición todas las utilidades de las redes sociales.

La cuestión de la diversidad lingüística es un importante reto, en el que se ha fijado otro ingeniero, en este caso nigeriano, para desarrollar OBTranslate, una herramienta de traducción en línea, que promete traducciones de dos mil lenguas africanas, seguramente con un cierto margen de enfoque de márquetin. En todo caso, se trata de una herramienta que asegura estar explotando las funcionalidades de la inteligencia artificial para ofrecer un acceso a las lenguas a las que las grandes empresas no prestan atención.

Solo como indicios de una curiosa dinámica, se pueden mencionar dos episodios quizá anecdóticos. En primer lugar, la comunidad de tuiteros y tuiteras senegaleses despierta cierta envidia en otras de África occidental, por su uso habitual del wolof en la red social. Y en segundo lugar, seguramente no es casualidad que la página de Facebook con más seguidores en Tanzania sea una plataforma que ofrece informaciones en swahili. Concretamente, JamiiForums, una plataforma que permite a la ciudadanía nada más y nada menos que alertar de manera anónima de casos de corrupción.

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