Redes virtuales, ciencia abierta y revolución digital

Entrevista a Ijad Madisch, cofundador y presidente de la mayor red virtual de científicos del mundo.

Alumnos del Instituto-Escuela estudiando la clorofila en el laboratorio del centro. Autor no identificado. Generalitat de Catalunya. Arxiu Nacional de Catalunya.

Alumnos del Instituto-Escuela estudiando la clorofila en el laboratorio del centro. Autor no identificado. Generalitat de Catalunya. Arxiu Nacional de Catalunya. CC BY-NC-ND

Hace tan solo cinco años, Ijad Madisch trabajaba como médico en un hospital de Estados Unidos. Hoy, este treintañero alemán de origen sirio dirige ResearchGate, la mayor red virtual de científicos del mundo, con más de ocho millones de miembros de 193 países. Visitamos en Berlín a Madisch, el hombre que consiguió convencer a Bill Gates y Angela Merkel de que puede cambiar el mundo revolucionando la ciencia. Entrevista a Ijad Madisch, cofundador y presidente de la mayor red virtual de científicos del mundo.

Dice que RG podría ganar algún día el premio Nobel, explíquenos cómo.

Mi visión es conectar la ciencia que se hace en todos los rincones del mundo, utilizando una plataforma que ayude a los investigadores a obtener resultados de forma mucho más rápida. Porque necesitamos soluciones de manera urgente: fuentes de energía sostenibles, una cura para el VIH y alimentar a la creciente población. Y todas esas soluciones vendrán de la ciencia. Yo, que siempre quise ganar un premio Nobel con mi trabajo, ahora me conformo si mi plataforma ayuda a otros a conseguirlo.

¿Por qué RG ha sido pionera conectando a los científicos?

Aunque hubo algunos intentos anteriores de conectar a los científicos en la web, no fue hasta la llegada de nuestra plataforma que se dio una verdadera revolución: hemos conectado a ocho millones de científicos para que puedan ayudarse entre ellos y que no guarden los experimentos fallidos en un cajón. Eso y una apuesta total por la ciencia abierta han sido la base de nuestro éxito. En resumen, queremos cambiar los mecanismos y las inercias que rigen la ciencia desde hace unos 350 años.

Y la tecnología lo hace posible…

Sí, el gran avance de la tecnología lo hace posible. En 1993, toda la información del Instituto de Salud Norteamericano (NIH) cabía en un CD. Hoy en día, necesitarías más de 400 millones de unidades para hacer lo mismo. La tecnología posibilita y, al mismo tiempo, da con la solución a uno de los grandes retos de nuestros días: trabajar con la ingente cantidad de información que genera la ciencia que, además, crece exponencialmente año tras año.

Ijad Madischc en el TechCrunch Disrupt Europe, Berlin 2013. TechCrunch.

Ijad Madischc en el TechCrunch Disrupt Europe, Berlin 2013. TechCrunch. CC-BY

¿Cómo contribuye su plataforma a trabajar con toda esa información?

En sus cuatro primeros años de vida, los usuarios subieron unos 2,5 millones de documentos científicos a nuestra plataforma. Ahora mismo, suben a la red la misma cantidad en tan solo un mes. Son documentos que todos los usuarios pueden descargar, comentar y discutir. Y de esto precisamente se trata: no solamente de almacenar información, sino de crear las conexiones adecuadas entre las personas, entre los científicos. Y, como comentábamos antes, la tecnología es la herramienta para conseguirlo, de otro modo sería imposible.

Información científica de libre acceso, supongo que no todos estarán muy de acuerdo con esa idea…

El sector editorial en ciencia no ha cambiado demasiado en los últimos siglos, pero el mundo a su alrededor no se parece en nada a como era entonces. Por lo tanto, si el primero no cambia, los científicos encontrarán otras vías para comunicar los resultados de sus investigaciones. Nosotros esperamos que esto suceda y se traduzca en que, algún día, toda la información científica sea accesible para cualquiera.

Una red global, tecnología, cambiar el mundo… Todo lo que nos cuenta suena bastante influenciado por el sistema americano de innovación, un tanto alejado de la mentalidad alemana en la que usted se ha formado.

Lo cierto es que los años que pasé en Estados Unidos tuvieron una gran influencia sobre mi forma de ver las cosas. Una forma de pensar que las empresas alemanas, más orientadas hacia los valores seguros, no acababan de entender cuando empezamos con nuestra compañía. Como puede ver, aquí tenemos salas enteras de ocio solo para que los trabajadores de RG se relajen, hablen entre ellos, se empapen también de la cultura de trabajo y valores en los que creemos. Les ofrecemos comida saludable y posibilidades de crecer profesionalmente. El resultado es que todos nuestros trabajadores creen que su trabajo afecta al proyecto global, que pueden aportar cosas y ayudar a mejorar los procesos.

Pese a toda esa influencia americana, usted decidió volver a casa para fundar su empresa. Explíquenos por qué.

Cuando decidimos crear la empresa aquí en Berlín y no en California, muchos creyeron que no funcionaría, pero fue todo lo contrario. En Silicon Valley ya hay mucha gente que ha creado cosas grandes. Aquí, en cambio, tratándose de una ciudad joven en temas de innovación global, tenemos mucho talento, gente hambrienta por crear cosas nuevas que cambien el mundo.

Ya para terminar, en una ocasión le escuché decir que le gustaría vivir cien años más para ver cómo será el mundo entonces. ¿Cómo se imagina usted a ResearchGate en ese futuro?

Hace cinco años llevaba una bata de laboratorio y trabajaba en un hospital, o sea que no tengo tiempo de plantearme lo que sucederá en cincuenta o en cien años. Pero le puedo decir algo: ahora me levanto feliz cada día porque puedo crear algo con impacto para la ciencia y la sociedad.


Nota: una versión en castellano de esta entrevista se publicó anteriormente en el blog del autor en The Huffington Post.

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  • Jeroen Bosman | 14 enero 2017

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