Más allá del acceso abierto: el descubrimiento del conocimiento

La Declaración de La Haya sobre la búsqueda y extracción de conocimiento en la era digital tiene como objetivo mejorar el acceso al conocimiento.

Puente nº 4 abierto, Canal de Welland Ship, Canada 1910.

Puente nº 4 abierto, Canal de Welland Ship, Canada 1910. Fuente: Toronto Public Library.

A lo largo de la última década se ha avanzado mucho en el acceso abierto a las publicaciones científicas. Sin embargo, más allá del acceso a las publicaciones, cada vez más se piden los datos y los procesos que se han generado en el proceso de la investigación para poderlos reproducir. Con este objetivo se ha iniciado un proyecto piloto, Horizon 2020, que pretende hacer públicos los datos que se generan o se recogen en un proyecto de investigación para que se puedan reutilizar. Actualmente el Parlamento europeo está revisando la directiva europea de 2001, donde se definían las leyes de propiedad intelectual. Entre las propuestas presentadas, está la introducción de una nueva excepción para permitir analizar un texto y extraer sus ideas o datos. La Declaración de La Haya sobre la búsqueda y extracción de conocimiento en la era digital tiene por objetivo mejorar el acceso al conocimiento eliminando cualquier barrera que impida la búsqueda y el análisis.

Durante esta última década, en el ámbito académico, se ha hablado mucho del acceso abierto a las publicaciones científicas. Ya hace más de diez años que se publicaba la Iniciativa de Budapest a favor del acceso abierto, donde se establecían los fundamentos básicos de este movimiento que promueve el acceso a los resultados de la investigación sin ninguna barrera tecnológica, económica ni legal. El objetivo establecido a finales del año 2001 era alcanzar esta situación en aquellas publicaciones para las que los investigadores no reciben una compensación económica directa, principalmente los artículos en revistas o los documentos de trabajo. En el documento final de la declaración se plantearon dos estrategias para alcanzar el objetivo final que se han convertido en las dos tipologías de acceso abierto que conocemos actualmente: el verde y el dorado. Por un lado, se impulsaba a los autores a autoarchivar sus artículos, es decir, a mantener una copia de cualquier contribución que había sido revisada y publicada para difundirla mediante unos archivos abiertos que reciben el nombre de repositorios. El autoarchivo permite que cualquier persona pueda acceder a los resultados publicados sin tener que pasar por su pago. No obstante, las editoriales suelen exigir un periodo de tiempo o embargo para dar acceso al público al texto completo, que va de los seis a los cuarenta y ocho meses, y que la versión que se ofrezca sea la versión revisada pero no con la maquetación o presentación final (la versión del autor en lugar de la versión final publicada). Esta es la vía verde. Si tuviéramos una copia en un repositorio de todo lo que se publica, ¿tendría sentido mantener el sistema de publicación científica actual? Y aquí es donde entra la segunda estrategia, la ruta dorada, que plantea un cambio en las revistas o publicaciones periódicas abogando por utilizar los derechos de propiedad intelectual para permitir una libre difusión y no para establecer barreras. Con la ruta dorada se apuesta por las llamadas revistas de acceso abierto, que, como su nombre indica, son revistas de acceso gratuito que publican los contenidos con una licencia que permite su libre reutilización solo exigiendo el reconocimiento de la autoría y el mantenimiento de la integridad de la obra. Dado que el acceso a estos contenidos es gratuito, hay que buscar otras vías de ingresos que no sean el pago por acceder a ellas. Uno de los sistemas es el de pagar por publicar, pero hay otros [1].

Uno de los objetivos del acceso abierto es facilitar que el público en general acceda sin ningún tipo de barrera a los resultados de la investigación. Y es con esta idea que se han elaborado las diversas políticas de acceso abierto (o quizás habría que calificarlas de acceso público) que hay en la actualidad. A nivel institucional o académico, a nivel nacional o a nivel internacional han proliferado los requerimientos para hacer públicos los resultados de la investigación por parte de quien la financia [2]. En muchos casos la investigación se financia con fondos públicos y, de esta forma, hay un retorno al público.

Tenemos repositorios, tenemos revistas de acceso abierto, tenemos políticas, e incluso leyes [3], que imponen el acceso abierto, pero, ¿en qué situación nos hallamos? En verano de 2013 la Comisión Europea publicaba un estudio que había encargado donde se afirmaba que se había llegado a un punto de inflexión para que se pudiera acceder gratuitamente a alrededor del 50% de las publicaciones de 2011. Este porcentaje no se alcanza solo con los contenidos que se encuentran en los repositorios, ya que en la mayoría de los casos la proporción de contribuciones accesibles al público respecto al total es bastante inferior. Sin embargo, la introducción de mandatos más fuertes, como la obligación de depositar y hacer público cualquier artículo resultante de un proyecto financiado en el marco europeo de investigación, ha incrementado el interés y la preocupación de los investigadores por el acceso abierto.

Pero tal vez ya ha llegado el momento de ir más allá de las publicaciones. Los resultados de la investigación tienen formas muy diversas y, por lo tanto, hay que ver cómo podemos traspasar esta idea de apertura de las publicaciones a esos otros objetos. Los primeros pasos se están dando con los datos. Ya hay publicaciones que piden los datos que se han generado o que se han utilizado en una investigación para publicarlos con los textos. No basta con poder leer cómo se han conseguido unos resultados, ahora se piden los datos para poderlos reproducir. Con este objetivo se ha iniciado un proyecto piloto dentro del programa europeo de financiación de proyectos de investigación, Horizon 2020. Este proyecto piloto pretende hacer públicos los datos que se generan o se recogen en un proyecto de investigación que se puedan reutilizar de forma amplia fomentando su gestión y preservación.

Aún podemos ir un poco más lejos y plantearnos la apertura en otras fases de la investigación y no solo cuando se han alcanzado unos resultados. De hecho ya hay investigadores que comparten todo cuanto hacen diariamente [4] o que publican cada línea de código que generan a través de servidores de acceso público y así permiten su reutilización. Todas estas prácticas se engloban en lo que se llama ciencia o investigación en abierto. Todavía son prácticas minoritarias, pero están emergiendo con fuerza y por ello la Comisión Europea ha planteado la ciencia en abierto como una de sus prioridades para los próximos años. El año pasado realizó una consulta pública para recibir la opinión de todos los ciudadanos que estuvieran interesados en ello y, principalmente, de todas las partes implicadas: investigadores, instituciones, editores, asociaciones… Tras la consulta se celebraron cuatro reuniones para validar las respuestas recibidas y hace pocas semanas se ha llevado a cabo un informe de este proceso de validación.

La declaración de La Haya

Parece claro que estamos viviendo un momento de transición donde convive la difusión tradicional de los resultados de la investigación con nuevas formas de compartir todo el proceso de una investigación con el público en general. Debemos permitir que cualquier investigador elija el modo de difundir lo que hace sin penalizar ninguna opción, recompensando y reconociendo la labor realizada y permitiendo que todo el mundo conozca, hasta donde sea posible, lo que se hace con dinero público.

Pero, mientras intentamos que la investigación sea más abierta y llegue a todo el mundo, todavía surgen nuevos obstáculos que dificultan el descubrimiento de nuevos conocimientos. Y en muchos casos no son obstáculos tecnológicos, sino obstáculos legales que generan, sobre todo, incertidumbre e inseguridad. La mayoría de estos obstáculos provienen de una aplicación restrictiva de la propiedad intelectual.

Actualmente el Parlamento europeo está revisando la directiva europea de 2001, donde se recomendaban un abanico de excepciones o límites en las leyes de propiedad intelectual estatales para afrontar la nueva sociedad de la información. El sistema de límites o excepciones sirve para indicar todo lo que se puede hacer con una obra sin tener que pedir permiso a los titulares de los derechos, como por ejemplo hacer una copia para uso privado, hacer una cita, hacer una parodia… El primer borrador del informe elaborado por la relatora Julia Reda ya apuntaba a que actualmente la directiva impide el intercambio de conocimiento en lugar de facilitarlo, tal y como se pretendía en su momento. El informe final ya se habría tenido que votar en las comisiones correspondientes para llegar al pleno del parlamento, pero de momento se ha aplazado. En esta votación habrá aprobar o rechazar las diversas enmiendas presentadas por los parlamentarios que son interesantes de leer para ver la disparidad de opiniones.

Entre las propuestas presentadas, está la introducción de una nueva excepción para permitir que cualquier persona pueda analizar un texto y extraer sus ideas o datos. Puede parecer que esta excepción no sea necesaria porque posiblemente todos podríamos coincidir en que cuando leemos un texto podemos extraer sus ideas o datos y no es necesario que pidamos ningún tipo de permiso. Pero actualmente muchos de estos procesos de análisis y de extracción son realizados por máquinas e incluyen un acto de reproducción del texto, lo que provoca que los titulares de los derechos de propiedad intelectual reclamen que sea necesaria la autorización pertinente [5]. En la mayoría de leyes europeas existe un vacío respecto a este tipo de explotación de la obra, que provoca una incertidumbre e inseguridad jurídica que hay que resolver. En cambio, en otros países se ha dejado claro que no existe ningún tipo de autorización, como por ejemplo en los Estados Unidos. En el ámbito europeo tenemos un ejemplo de introducción de una excepción a la ley de propiedad intelectual. En verano de 2014, en el Reino Unido se modificó la ley para incluir en ella una serie de excepciones o límites. Entre estos límites que se introdujeron está el de permitir que cualquier persona haga una copia de una obra a la que haya accedido legítimamente para analizarla mediante herramientas informáticas en un proceso de búsqueda sin una finalidad comercial. Es un primer paso pero quizás no es suficiente, ya que el límite comercial mantiene una incertidumbre y una limitación en los casos en que la investigación pueda tener un interés comercial, un término difícil de acotar.

Pero, ¿por qué nos preocupa este proceso de análisis y extracción? Actualmente tenemos una avalancha de información en todos los ámbitos y la investigación no es la excepción. Los investigadores no pueden leer la ingente cantidad de contenidos que se publican y, por ello, han creado estos mecanismos para procesarlos y extraer las ideas o los hechos más relevantes. Estos procesos reciben el nombre genérico de «minería de texto y de datos» (TDM, siglas en inglés). El análisis de textos para extraer ideas, hechos, datos, patrones en general, puede ayudar a avanzar en cualquier investigación en cualquier ámbito. Por esta razón, la semana pasada se hizo pública una nueva declaración que se posiciona a favor de un acceso al conocimiento más igualitario y reclama cambios en las leyes de propiedad intelectual para proteger la libre circulación de las ideas, las datos y los hechos. Esta declaración se gestó en la sede de LIBER, la Asociación de Bibliotecas de Investigación Europeas, en La Haya, en diciembre de 2014, y recibe el nombre de esta localidad neerlandesa. La Declaración de La Haya sobre la búsqueda y extracción de conocimiento en la era digital tiene como objetivo mejorar el acceso al conocimiento eliminando cualquier barrera que impida la búsqueda y el análisis.

A principios de este siglo XXI, Budapest fue el referente para empezar a avanzar en el acceso abierto. Habrá que ver si ahora La Haya toma el relevo de la capital húngara para convertirse en uno de los referentes para consolidar la investigación en abierto. Os invito a leer el texto de la declaración y a apoyarlo si estáis de acuerdo con él.


[1] En el ámbito de la física de altas energías, desde el año 2014 se ha formado un consorcio internacional para centralizar los costes de publicación.

[2] Podéis consultar algunas de estas políticas en esta web que las recoge.

[3] Un ejemplo de ello sería la ley de la ciencia estatal.

[4] Por ejemplo, Carl Boettiger.

[5] Como ejemplo podemos ver las condiciones que establecen algunas editoriales respecto a los textos publicados: Elsevier o Springer.

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  • Consuelo | 13 Mayo 2015

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