Marcus du Sautoy: «Los humanos nunca sabremos si el universo es infinito»

Hablamos con el matemático Marcus du Sautoy sobre el universo, la diferencia entre las matemáticas y la física, la inteligencia artificial y la relación entre ciencia y literatura.

Las matemáticas son un lenguaje clave para entender los sistemas complejos (y opacos) que mueven el mundo, ya sea la economía, los algoritmos o la inteligencia artificial. Marcus du Sautoy es profesor de matemáticas en la Universidad de Oxford y es, también, un apasionado divulgador científico, como demostró en su paso por la Bienal del Pensamiento Ciudad Abierta. Asegura que una de las cosas que más lo motivan es trabajar en todo lo que desconocemos, como, por ejemplo, investigar si el universo es infinito o no. Hablamos con él sobre los límites del conocimiento, de la ciencia y de las matemáticas, pasando por las revoluciones científicas como la cuántica, hasta el impacto de la inteligencia artificial en nuestras vidas.

¿Cómo podemos convivir con el hecho de no poder conocer nuestro entorno? ¿Cómo podemos aceptarlo?

¿Necesitamos aceptar que hay cosas que no sabremos nunca? Lo que necesitamos es no dejar de hacernos preguntas nunca. Es precisamente lo que no sabemos lo que hace que los humanos queramos saber más cosas. Como científico, es difícil asumir lo desconocido y convivir con ello, pero al mismo tiempo las cosas que no sé son las que me emocionan y las que hacen que me levante cada mañana para intentar hallarles respuestas. Si ya lo supiera todo, la vida sería muy aburrida.

¿Y qué cosas no podemos saber?

Una de las preguntas que los humanos nunca sabremos responder es si el universo es infinito o no. Actualmente pensamos que podría ser finito, porque como no tiene límites tangibles de alguna forma se encuentra dentro de un circuito cerrado. Pero podría ser infinito, podría durar para siempre. ¿Cómo podríamos descubrirlo? Einstein demostró que la luz viaja a una velocidad limitada, o sea que solo hay una parte de espacio infinito que podemos ver en cualquier momento temporal determinado. Tras este horizonte cósmico, siempre habrá un más allá que nunca llegaremos a ver.

¿Las matemáticas nos ayudan a comprender el mundo?

Hay un conflicto muy interesante entre el mundo abstracto de las matemáticas y el mundo físico del universo. Con las matemáticas puedes avanzar hasta el infinito con un algoritmo muy simple: si vas sumando uno más uno, más uno, más… tarde o temprano llegarás al infinito. Pero en el mundo de la física no sabemos si el infinito existe. En matemáticas puedes partir una cosa ilimitadamente, en cambio la física dice que esto no se puede hacer. Cuando divides la materia, finalmente llegas a «la constante de Plank», que es la unidad de espacio más pequeña, y no hay nada más pequeño que esto. La física, al contrario que las matemáticas, nos dice que nada puede hacerse infinitamente pequeño, así que hay un conflicto.

¿Y quién tiene razón?

Creo que en las matemáticas se esconden en los fundamentos de cualquier cosa del universo. Para buscar un creador, necesitamos una cosa intemporal que no tenga que crearse a sí misma. Las matemáticas son verdaderamente intemporales, siempre han existido. El universo no es más que una parte fisicalizada de las matemáticas. La gente acostumbra a decir que, si Dios existe, será matemático, pero yo cambiaría la frase y diría que, en verdad, las matemáticas son Dios.

«La gente acostumbra a decir que, si Dios existe, será matemático, pero yo cambiaría la frase y diría que, en verdad, las matemáticas son Dios.»

Entre lo que seguramente nunca podremos saber está el funcionamiento de la conciencia humana, pero la atención ahora ya se centra en la conciencia artificial.

Creo que el rol de los ordenadores es uno de los elementos más fascinantes de nuestra generación. No son simples herramientas que nos ayudan a hacer cosas. Están empezando a desafiar el mismo concepto de humanidad. Es posible que las máquinas que estamos creando acaben siendo tan sofisticadas como para parecer casi humanas cuando interactúen con nosotros. Por eso me interesa tanto la inteligencia artificial.

¿Tanto como para pensar que puede acabar suplantando a los humanos?

La inteligencia artificial podrá conducir coches, por supuesto. Y será capaz de hacer el trabajo de un médico. Pero la pregunta es: ¿podrá componer música o escribir novelas? ¿Puede convertirse en artista, la inteligencia artificial? En mi nuevo libro intento responder si seremos capaces de crear un código que acabe siendo creativo como los humanos. Pero lo que es interesante es que somos los humanos los que hemos empezado a comportarnos como las máquinas, porque nos hemos quedado bloqueados en nuestra forma de hacer las cosas. Quizás las nuevas tecnologías nos permitirán actuar menos como máquinas y ser más creativos. Porque nos ofrecerán nuevas ideas y nuevos retos. Tenemos un futuro excitante por delante en cuanto a la fusión entre la creatividad humana y la creatividad del código.

«El momento interesante será cuando la inteligencia artificial tenga conciencia. Porque entonces nos querrá contar cómo es ser una máquina.»

Pero para crear alguna cosa hacen falta sentimientos, emociones…

Creo que uno de los grandes desafíos es saber si la inteligencia artificial será capaz de tener un mundo emocional propio. Ahora ya sabemos que la inteligencia artificial es mejor que los humanos detectando cuándo una persona está forzando la sonrisa o está sonriendo de verdad. Creo que es cada vez más sofisticada, pero solo será realmente interesante cuando sea capaz de tener un mundo interior propio. Cuando tenga conciencia de sí misma. ¿Por qué los humanos escribimos novelas? Yo escribiría una novela o un poema o pintaría un cuadro porque quiero que tu comprendas cómo es mi mundo emocional. Porque quiero que entres en mi cabeza. Quiero que sepas que se siente siendo yo. Por eso escribimos novelas. Y, por eso, el momento interesante será cuando la inteligencia artificial tenga conciencia. Porque entonces nos querrá contar cómo es ser una máquina. Será entonces cuando valdrá la pena leer, escuchar o mirar su mundo creativo.

Crearemos máquinas que escribirán novelas, pero todavía no somos capaces de entender el funcionamiento de la mente humana.

La conciencia es una de las cuestiones que seguramente no seremos capaces de desbloquear nunca. Yo sé lo que significa ser yo, pero no sé qué significa ser tu. ¿Cómo puedo saber, por ejemplo, qué sientes cuando sufres dolor? Ambos utilizamos la palabra dolor, y asumimos que cuando utilizamos la palabra también estamos describiendo lo que siente el otro, pero podría ser muy distinto. Es muy difícil que algún día logremos entrar en la conciencia de los ostros. Podría ser que a mi alrededor todos fuerais zombis sin ningún tipo de conciencia, podría ser que yo fuera la única persona consciente del mundo. Y no creo que con más tecnología seamos capaces de responder a esto. Y otra cosa: aunque asumamos que los humanos somos iguales e igual de conscientes, ¿qué pasa con los teléfonos inteligentes, por ejemplo? Son tan sofisticados que también podrían volverse conscientes. ¿Cómo puedo saber si es una consciencia real o falsa? Si un teléfono dice que piensa y es un teléfono, ¿eso quiere decir que es consciente? Creo que no hay manera de resolver este problema.

La consciencia es uno de los límites del conocimiento humano que analizó en su último libro. Límites que explora también en su obra de teatro X&Y, que ha traído a Barcelona durante la Bienal del Pensamiento Ciudad Abierta, y que está inspirada en un cuento de Borges. Dos personajes dentro de un cubo juegan con la tensión entre el infinito y la naturaleza finita de los seres humanos, que impide el conocimiento absoluto.

Como matemático siempre me ha inspirado mucho la obra de Borges. Escribió cuentos muy bonitos y estaba fascinado por las mismas cuestiones que me fascinan a mí: ¿qué es el espacio? ¿Existe el infinito? La idea de paradoja. Pero él no lo abordaba desde el punto de vista matemático, como yo, sino con un lenguaje literario. Lo que me gusta de Borges es que utilizó la imaginación y la literatura para explorar los mismos problemas que me interesan a mí como matemático y físico.

En concreto, su obra de teatro se inspira en el relato borgesiano «La biblioteca de Babel».

El cuento «La biblioteca de Babel» intenta hallar respuestas a la pregunta de qué es el universo. Utiliza la palabra biblioteca para referirse al universo. Y está interesado en descubrir si la biblioteca es infinita. O, si no es infinita, ¿tiene paredes? ¿Y qué hay más allá de las paredes? Y al final del cuento halla la misma solución que hemos hallado los matemáticos y los físicos: la librería no es infinita, es finita, pero tiene forma de bucle. Si vas en una dirección por uno de los pasillos acabas volviendo al principio. La biblioteca de Borges está llena de libros. De hecho, contiene todos los libros posibles. Está mi libro, está el libro que escribiré y todos los otros que ya he escrito. Uno podría pensar que esta biblioteca lo tiene todo, pero en realidad, si lo pensamos un poco más, la biblioteca no tiene nada. Porque lo que importa en las bibliotecas es que hay personas que han tomado la decisión sobre qué libros vale la pena leer y qué libros no. Borges habla de un libro particular, un libro que describe todos los otros. Y quizás es el libro que todos andamos buscando. El Libro. El que permite explicarlo todo. Pero no sabemos si realmente existe o no.

«Que haya tantas posibilidades parece fascinante, pero si hay demasiadas lo que tenemos es simplemente ruido, y es imposible oír nada.»

¿Internet es la biblioteca que Borges imaginó?

Estamos en un mundo de datos. Internet nos permite crear miles de vídeos y de fotos, pero no hay ningún ser humano que, por ejemplo, sea capaz de mirar todos los vídeos sobre gatos que hay en línea. Sí, en realidad todos estamos construyendo un tipo de biblioteca de Babel en la que tenemos absolutamente de todo, pero en realidad no tenemos nada, porque necesitamos un curador que nos ayude a movernos por la biblioteca. Es un rol muy importante; los autores y los intelectuales tienen que ayudarnos a navegar para encontrar lo que queremos encontrar. Que haya tantas posibilidades parece fascinante, pero si hay demasiadas lo que tenemos es simplemente ruido, y es imposible oír nada. Debemos encontrar la manera de movernos con cautela por esta biblioteca en expansión que estamos creando en Internet.

De hecho, Borges tiene otro cuento, «Funes el memorioso», en el que un personaje es capaz de recordarlo absolutamente todo, pero no es demasiado capaz de pensar porque pensar es generalizar y abstraer.

Y uno de los efectos que tiene el conocimiento es que, cuando más cosas sabemos, más nos damos cuenta de que hay cosas que no sabemos. El horizonte se hace mayor y descubrimos que hay mucho más territorio más allá del que somos capaces de navegar. Estamos avanzando mucho, estamos creando conocimiento nuevo, ¿pero realmente estamos entendiendo más el universo, o simplemente estamos descubriendo que no somos capaces de entenderlo?

¿Estamos viviendo una revolución?

La idea de revolución es muy importante en el ámbito científico. Si miramos atrás en la Historia observamos que primero entendemos el universo de una manera, luego aparece un nuevo personaje que nos la cambia y nos damos cuenta de que no lo habíamos entendido bien. Estas revoluciones son momentos maravillosos en la ciencia.

Quizá un día vendrá alguien y nos dirá que todo esto es una locura, todo esto del colapso de la función de onda y de una nueva probabilidad controlando el universo… Es posible que estemos al borde de una nueva revolución científica que transformará verdaderamente nuestra forma de concebir el universo. ¡Ojalá!

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  • JUAN GALÁN | 05 marzo 2019

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