Los cómics de Pier Paolo Pasolini

Hablamos de la relación del cómic con Pasolini, un cineasta que no leía cómics porque, en cierto modo, los hacía.

Fragmento de la portada de Pasolini, de Davide Toffolo. Imágen cortesia de 451 Editores.

Fragmento de la portada de Pasolini, de Davide Toffolo. Imágen cortesia de 451 Editores.

No soy de aquellos intelectuales que leen cómics, escribía Pasolini a solo dos años de la publicación, en 1965, del libro que daría respetabilidad cultural a la historieta en todo el mundo, Apocalípticos e integrados de Umberto Eco. Al respecto, el director italiano avanzaba a contracorriente de la mayor parte de sus compañeros de generación que desde mediados de los sesenta consiguieron, a través de revistas como Linus y el Salón del Cómic de Lucca, resituar al fumetti en la esfera del mundo adulto.

Paradójicamente, todos ellos habían crecido leyendo las historietas del gran maestro Antonio Rubino publicadas junto con los clásicos norteamericanos del cómic de prensa en el Corriere dei Piccoli desde principios del siglo xx y responsables de la inclinación definitiva del cómic europeo hacia el público infantil. Rubino —que se definía a sí mismo como pintor y poeta— había sido una influencia seminal, por ejemplo, de Federico Fellini, para quien Pasolini trabajaría como guionista en Las noches de Cabiria y, junto a otros, La dolce vita.

Fellini reconocía ampliamente la deuda sentimental con los cómics de su infancia, encarnada en películas como Giuletta de los espíritus y Amarcord, y él mismo había guionizado alguna versión italiana de Flash Gordon o, ya al final de su vida, el Viaje a Tulum ilustrado por Milo Manara. No obstante, Pasolini guardaba con el noveno arte una distancia aparente que no era del todo real.

Ya veinte años atrás, durante el periodo en que ejerció de maestro en la escuela primaria de Valvasone, Pier Paolo espoleaba habitualmente a sus alumnos para reelaborar las diversas materias de enseñanza en forma de historieta, seguramente bajo la influencia de la nueva escuela de Montessori y la pedagogía crítica de Gramsci. De esta manera, se adelantaría a la célebre frase de Hugo Pratt que afirma que los cómics son el cine de los pobres.

Pasolini probablemente desconocía las numerosas historietas que su camarada y poeta Maiakovski había realizado en forma de cartel durante la revolución soviética y —solo desde la reserva al cómic de un mero papel como entretenimiento infantil consagrado por el fascista Rubino— podía ignorar su potencial político en consonancia con el marxismo heterodoxo de Gramsci, referencia intelectual del cineasta italiano.

En la primera mitad del pasado siglo los cómics eran el arte popular por excelencia, producido y consumido masivamente, como el propio cine. Ciertamente, sus personajes representaban estereotipos, un rasgo con el que se ha estigmatizado al noveno arte pero que encarna por excelencia la coagulación en figuras concretas de la lucha por la hegemonía político-cultural. Y no en vano en el país transalpino la historieta es denominada fumetti, es decir, lo que en castellano conocemos por globo o bocadillo, esa nubecilla que parte de la boca de los personajes para expresar su voz. El lenguaje empleado en los tebeos se impregnaba con facilidad de la lengua oral, de las expresiones populares e, incluso, de los dialectos regionales o jergas de clase. Nada ajeno a Pasolini, cuya trilogía de la vida bien podría imaginarse reelaborada en viñetas.

El cambio de la pluma estilográfica por la cámara de cine no fue nada sencillo para el escritor friulano y en su apoyo acudió nuevamente la historieta. Tan pronto como en su segundo filme, Mamma Roma, Pier Paolo comenzó a realizar él mismo un guión en forma de story-board como paso previo a sus películas. Y, unos meses antes de afirmar que no leía cómics, escribía al editor de sus libros para proponerle publicar uno de su propia factura: Termina aquí el proyecto de un libro muy extraño, tengo en mente una docena de episodios cómicos que quería rodar de nuevo con Totò y Ninetto, pero tal vez no pueda hacerlo por mis numerosos compromisos. Ahora he desarrollado el guión del último episodio de La terra vista dalla luna en forma de fumetto a color (repescando algunas de mis rudas cualidades de pintor abandonado). Estando así la cosa, me gustaría, poco a poco, reunir un gran libro de fumetti… muy coloreado y expresionista… en el que recoger todas estas historias que tengo en mente, las ruede o no las ruede.

Por desgracia, la historieta de Pier Paolo no llegaría a ser publicada, pero el story-board original, que puede verse actualmente en la exposición Pasolini Roma del CCCB, inspiraría una de las dos recientes incursiones del cineasta como personaje de historieta.

Storyboard de La terra vista dalla luna de Passolini y su versión redibujada por Toffolo.

Storyboard de La terra vista dalla luna de Passolini y su versión redibujada por Toffolo.

Con el antecedente del breve Le ceneri di Pasolini, publicado en 1976 por el artista punk Graziano Origa en la revista Contro, hemos tenido que esperar al trigésimo aniversario del homicidio del poeta comunista para que el cómic se decidiera a tomarlo como motivo protagonista. En 2005, dos novelas gráficas conmemorarían la figura del director italiano: El caso Pasolini de Gianluca Manconi y Pasolini de Davide Toffolo, ambas disponibles en castellano.

La primera de ellas se centra en su escabroso asesinato durante los años de plomo, proponiendo una reconstrucción entre el drama y la investigación de los últimos días del cineasta hasta la misma escena del crimen. En cierto modo este corsé documental determina una puesta en página sincopada en viñetas regulares, a menudo compuestas de bustos parlantes que se dirigen frontalmente al lector como en una pantalla de televisor.

El Pasolini de Toffolo consigue rehuir progresivamente esta tentación en favor de una presentación poética de su figura humana e intelectual. En esta obra, un trasunto del propio autor recorre el paisaje de la Italia contemporánea junto a un mitómano que cree ser Pier Paolo y recupera el story-board de La terra vista dalla luna para redibujarlo. Los motivos de esta novela gráfica serían desplegados por el fumetttista italiano allende los límites del papel en el documental Pasolini, l’encontro, una versión de la misma en forma de concierto dibujado junto al conjunto de rock Tre Allegri Ragazzi Morti. El próximo 2 de julio, el CCCB presenta a los barceloneses la oportunidad única de participar en un taller y conferencia de Davide Toffolo, una ocasión para reconciliar con el noveno arte a Pier Paolo Pasolini, un poeta, un cineasta que no leía cómics porque, en cierto modo, los hacía.

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