Laura F. Tenenbaum: «Hay que encontrar una forma de conectar con la naturaleza cada día»

Laura F. Tenenbaum nos descubre motivos para mantener el optimismo ante al cambio climático y nos explica cómo comunicarlo de manera más efectiva.

Laura Faye Tenenbaum | Ilustración de José Antonio Soria | CC-BY

Laura Faye Tenenbaum | Ilustración de José Antonio Soria | CC-BY

Laura F. Tenenbaum es una científica que se confiesa totalmente enamorada del planeta Tierra, de las pequeñas cosas. No hay forma de hablarle de migrar a lejanos exoplanetas, como sugiere el astrofísico Stephen Hawking. Tenenbaum le explica al gran público la ciencia de nuestro planeta, del cambio climático y de sus efectos a través de las emociones. Su objetivo es implicar a la gente desde un punto de vista optimista y dinámico. Tenenbaum ha sido miembro del Equipo de Comunicación sobre Ciencias de la Tierra del Laboratorio de Propulsión a Reacción de la NASA, en el que creaba contenido para la página web sobre el cambio climático Global Climate Change: Vital Signs of the Planet y para el blog Earth Right Now. Este año, Tenenbaum ha formado parte del jurado de la segunda edición del Premio Internacional a la Innovación Cultural convocado por el CCCB, que precisamente tenía el cambio climático como tema.

«¡Hola! ¡Buenas tardes a todos!». Segura de sí misma, con un gran sentido del humor y con las fantásticas fotografías de Groenlandia que hizo hace unos meses, Laura F. Tenenbaum, una innovadora en Comunicación Científica de la NASA, dejó boquiabierto al público del CCCB el día que se anunció el Premio Internacional a la Innovación Cultural. Desde el principio de su charla. Como suele pasar cuando da conferencias en colegios, universidades o museos, incluso en charlas TED. Y, sobre todo, en sus textos.

Hay dos tipos de personas. Por un lado están las que permanecen egoístamente en la absoluta ignorancia y piensan: «La la la, el mundo gira a mi alrededor». Y luego hay un grupo de gente que está muerta de miedo. En un ataque de pánico total. Ninguna de las dos formas de vida me parece útil, ni la ignorante ni la aterrorizada. Efectivamente, todos contribuimos al cambio climático. ¿Es realmente así?

Si tuviera algún problema de salud, decidiría ir al hospital, y allí solo tienen plástico de usar y tirar. Los hospitales son muy poco ecológicos, pero iría de todas formas, utilizaría la medicina moderna. Y ahora mismo, mientras hacemos esta entrevista, estamos bebiendo agua en botellas de plástico. Estar vivo significa estar usando algo. El altruismo absoluto no existe. Cada uno lo hace lo mejor que puede, pero en definitiva la sociedad tiene que implementar grandes cambios. Como colectivo, tenemos que salir adelante con una legislación y una política mejores, entre otras cosas, para conseguir esos cambios. Las energías renovables, por ejemplo, tienen mucho más sentido desde un punto de vista económico, así que ya estamos avanzando.

En España no, aquí paga más impuestos la energía renovable que los combustibles fósiles.

La vieja guardia, sea quien sea, va a luchar y a tratar de resistir, por supuesto. Pero hay muchísimas cosas en marcha: las grandes empresas en Estados Unidos —Google, Facebook, los gigantes corporativos— ya solo utilizan energía renovable. Los estados se comprometerán a hacerlo, ya lo están promoviendo. Y pasará lo mismo en otros países. Así que al final acabará ocurriendo.

Asumir el cambio climático como un reto fascinante. Conferencia de Laura Faye Tenenbaum | Ver en VO

Si todos nos pasamos a un modelo sostenible, ¿es posible frenar los efectos del cambio climático?

Una de las cosas que ocurre en California, e imagino que aquí también porque son climas muy parecidos, son las grandes sequías. A mucha gente le gusta decir que son una consecuencia del cambio climático, pero es complicado, porque la sequía—y tú me dirás si aquí se da el caso— también es una consecuencia de nuestro despilfarro de agua. Muchísima gente se muda a California, muchísima gente utiliza cada vez más agua; hay campos de golf enormes, campos con muchísimo césped. Así que, en parte, es una mala interpretación de la ciencia decir que la sequía la causa únicamente el cambio climático. El deshielo en Groenlandia sí que es consecuencia del cambio climático. Y cuando el hielo se derrite, provoca una subida del nivel del mar. Por ese motivo Venecia se está hundiendo, igual que Bangladesh y que Florida, en Estados Unidos. Algunas zonas corren peligro. Incluso Lower Manhattan, que es carísimo.

Pero incluso si dejáramos de quemar combustibles fósiles hoy mismo y ni una sola persona los usara nunca más, hay varias razones por las que no podemos librarnos de la subida del nivel del mar. El agua almacena el calor y ya hemos calentado los océanos. Ese calor va a permanecer ahí, y las cosas calientes se expanden. Así que, hagamos lo que hagamos, de la subida del nivel del mar no hay escapatoria.

En el mejor de los casos, quizá perdamos Tuvalu, las Maldivas o Bangladesh. De todos ellos ya emigran refugiados climáticos. En Florida ya hay inundaciones. Las predicciones científicas apuntan a que nos esperan mayores tormentas y situaciones meteorológicas extremas. ¿Quieres que te dé la explicación científica?

Por favor.

La Tierra es alucinante. Una de las mejores cosas de la Tierra es el agua, que da estabilidad. De modo que la Tierra tiene un clima muy estable, aunque ha cambiado en otras épocas. Una de las causas de las enormes fluctuaciones climáticas del pasado, por ejemplo, fue que Norteamérica y Sudamérica no estaban unidas. Hace unos sesenta millones de años, un istmo las unió y eso tuvo repercusiones drásticas en las corrientes oceánicas. Es decir, que hubo fluctuación y más tarde se estabilizó.

Ahora vivimos un nuevo tipo de fluctuaciones, fenómenos meteorológicos extremos: mayores tormentas, inundaciones y sequías. Así es como la Tierra intenta ajustarse a la nueva situación mientras atraviesa esta fluctuación. Finalmente, dentro de cientos o miles de años, encontrará un nuevo equilibrio. Esta situación la hemos causado nosotros y estaremos anclados a ella durante miles de años, porque el océano es lento.

Stephen Hawking dice que tenemos que encontrar otro planeta urgentemente, porque este…

¡No estoy nada de acuerdo! Ese comentario es tan de tío… (ahora estoy siendo sexista). Trabajo para la NASA, donde obviamente hay mucha gente que quiere irse a otro planeta. Siempre les digo: «¡No!». No me convence eso de dejar el sitio que te encanta hecho un desastre y buscar otro. No, no, no. De ninguna manera. Además, eso de ir en busca de otro planeta me suena a la típica aventura de macho explorador.

Te dedicas a la comunicación. ¿Cómo podemos comunicar algo que se ha comunicado tanto de una forma nueva, que conciencie a la gente sobre el problema sin sonar sensacionalista?

Creo que no hay una fórmula comunicativa que funcione para todos los casos. Yo uso las emociones. ¡También el sentido del humor, a veces!

Laura Faye Tenenbaum | © CCCB, 2017. Autor: Miquel Taverna

Laura Faye Tenenbaum | © CCCB, 2017. Autor: Miquel Taverna

¿Puedes poner un ejemplo?

La mayoría de las veces me inspiran pequeñas cosas, detalles. Hace poco estaba en Groenlandia y me di la vuelta —la historia va de eso, de darse la vuelta—. Estaba muy al norte, a unos 85º de latitud al norte, y allí el sol nunca sube mucho, siempre está bajo. Así que me di la vuelta, el sol reflejó en el hielo y me entró en los ojos. De repente, entendí el efecto albedo de otra forma. El efecto albedo es lo que hace que el blanco sea más reflectante que el negro. Esa es la razón por la que en las zonas calurosas es más común vestir de blanco, y también explica que cuando caminas descalzo no quieras pisar el asfalto.

En Groenlandia esto es crucial, porque el blanco refleja el sol y cuando el hielo se derrite hace que el océano, que antes era muy oscuro, se vuelva azul. Yo sabía la explicación científica, pero de todas formas, cuando estuve allí a finales de abril, el día duraba catorce horas. Me preguntaba: «¿Por qué no se derrite el hielo?». El sol salía mucho tiempo y luego se ponía alrededor de las nueve y media. Así que conté la historia de lo que sentí al darme la vuelta en ese momento y que me diera en los ojos el reflejo del sol, esa sensación de quedarse petrificada. Lo describí.

¿Te llegan las impresiones del público?

Claro. Hay que escuchar al público.

¿Pero cómo?

Bueno, es algo que se percibe. A veces me siento en el escritorio y pienso, ¿cuál es el ambiente? ¿Cómo me siento? En los primeros dos o tres párrafos improviso sobre lo que está pasando, sobre mis sentimientos en ese momento o sobre la energía del espacio en el que estoy, porque no soy tan distinta a los demás. Es como si hubiera un humor colectivo. Con los primeros dos o tres párrafos tanteo el ambiente y a partir de ahí avanzo. A menudo mis textos empiezan con frases sobre el público —sobre lo que pueden sentir— y tratan de entablar una relación y de sentir a la gente, incluso de manera remota, si no está presente en la sala.

Una cosa de la que me he dado cuenta al hablar con los jóvenes es que les interesa mucho el vídeo. Les interesa mucho el humor, quieren algo que enganche. Así que trato de conseguirlo. ¿Hay alguna forma de hacer que mi mensaje sobre el cambio climático enganche? Al mismo tiempo, el contenido científico tiene que ser preciso, no hay alternativa. De lo contrario, sería contraproducente.

¿Cuál de tus textos ha sido más leído y comentado?

El más comentado fue uno acerca de la solución. La gente siempre pregunta cuál es la solución y yo siempre respondo que se pueden hacer tres cosas: puedes responsabilizarte de todo lo que haces. Es obvio que una persona no puede salvar el mundo, pero sí que puede hacer algo, todos podemos contribuir.

En segundo lugar, puedes unirte a los demás —lo cual es muy valioso—. Eso incluye votar con tus dólares o con tus euros, o votar, o apuntarte a asociaciones ecologistas o medioambientales en cualquier sitio, porque los números son poderosos. ¡Nos hace falta! Tenemos mucha más fuerza cuando nos agrupamos, porque es imposible que una persona tenga todas las respuestas. Yo aprenderé de ti, tú aprenderás de mí y además todos nos habremos comprometido a tomar decisiones y podremos actuar juntos. Creo que eso empodera.

Por último, otra cosa que puedes hacer es dedicar un momento cada día a construir una relación con la naturaleza. Creo que, en definitiva, si la gente consume en exceso es porque hay un vacío, quizá cierta soledad. Cuando conectamos con la naturaleza y construimos una relación auténtica con ella, llenamos ese vacío y, además, es menos probable que queramos hacer cosas que dañen el medio ambiente. Es importante conectar con la naturaleza cada día.

Eso es muy difícil si vives en una ciudad, ¿no?

Hay hierbajos que crecen entre las grietas de la acera.

No hace falta ir a un parque nacional, entonces.

También puedes. Yo visito el Parque Nacional de las Montañas Rocosas unas tres veces al año, pero hay que hacer algo a diario. Hay que encontrar una forma de conectar con la naturaleza cada día.

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