La literatura y la música son parte de mí

La cantante y compositora reflexiona sobre los procesos creativos, la relación entre la música y la literatura y sobre la autoficción.

Jenny Söderkvist amb una guitarra. 1899

Jenny Söderkvist amb una guitarra. 1899 | Samuel Lindskog, Örebro läns museum | Domini públic

Julieta Venegas es una apasionada de la literatura. En su universo creativo, música y libros se relacionan y retroalimentan continuamente. Durante su intervención en el Primera Persona 2019, la cantante abrió las puertas de su mundo para explicar su proceso como compositora y el papel que han desempeñado las lecturas y vivencias personales. Os ofrecemos un fragmento del Breus La literatura y la música son parte de mí, publicado recientemente por el CCCB.

Los procesos

Los procesos son mejores que los resultados. Todo lo que hacemos, todo lo que escribimos y lo que leemos, es un camino que se abre hacia otra cosa. Ese es el disfrute, el proceso de aprender a llegar de un punto al otro. Esta noche me gustaría contarles cómo ha sido mi proceso personal como compositora, cómo los libros que leo no solo han sido una parte inspiradora, sino vital en mi trabajo, tanto en la música como en lo personal.

La música siempre ha sido mi forma de comunicarme, de entender y explicar las cosas, de expresar lo que voy sintiendo, y mi manera particular de responder a las preguntas a las que me enfrenta la vida. En la literatura encontré una aliada que me acompaña siempre, como parte de mi aprendizaje y crecimiento. Todo lo que hacemos, son pequeños puntos en una vida, y si conectamos esos puntos, quizás encontremos el mapa que nos describe. Me gustaría intentar contarles ese mapa, y los puntos que son parte de mi personalidad y mi manera de ver la vida. Y claro, hablarles sobre libros.

De pequeña, tirarme en el sillón me parecía el mayor lujo del mundo, leer un libro de principio a fin, hipnotizada, sin tener que hablar con nadie. En casa no había televisión, y estaba más o menos bien visto estar leyendo un libro, hasta el punto de que no me presionaban para que socializara con nadie mientras tuviera un libro en las manos. Era lo máximo.

Julieta Venegas. Lecturas y canciones en directo | CCCB
Julieta Venegas. Lecturas y canciones en directo | CCCB

Autoficción

Toda canción tiene algo de autoficción. Es una teoría que vengo probando. Hablo sobre mí cuando me escribo, y tú hablas sobre mí, cuando te leo. Canto una canción, como si fuera mía, aunque haya sido escrita por alguien más. Estamos describiéndonos. Ah, es eso lo que estamos haciendo, mientras leemos, encontramos estímulos que nos acerquen a entender, o a encaminarnos a comprender lo que somos. Lo mismo que cantar canciones, moviéndonos en ese terreno transparente y tembloroso que son las emociones: si estoy triste, hazme llorar, si estoy feliz, cuéntamelo. Quizás por eso me atraen los libros que tratan sobre la realidad de alguien. La ficción es realidad, según dicen, pero la manera en cómo se narra algo que se vivió, eso es otra cosa.

La vida es azarosa y es bueno encontrarla al natural, mientras a quien lees está aprendiendo la lección, en el momento en que la describe. Al leer a alguien hablar sobre su vida, me remueve cosas de la mía. Es como un libro que amo, el Me acuerdo de Joe Brainard. Después de tres «me acuerdo», estoy imaginando todos mis propios «me acuerdo», estoy reviviendo sonidos, olores, caras, nombres, conversaciones.

A veces esas remembranzas me despiertan sensaciones que sé que no son de ahora, sino de otro momento de mi vida. Tendemos a idealizar la infancia, y yo no sé si puedo decir que es la etapa que más disfruté. Quizás por eso me identifico con Karl Ove Knausgård, porque creo que la infancia y la adolescencia son etapas que nos marcan y nos definen, marcan el camino que tomaremos, aunque el vivirlas solo nos ayude a reconocer lo que rechazamos, y lo que deseamos.

Siempre he sido de leer en cualquier lado. No necesito irme a un café o a un parque, prefiero leer en casa, pero puedo leer en cualquier vehículo, en automóvil, en camión, en barco, en avión, en tren. Necesito varias horas todos los días para leer, y si no, voy colando la lectura en medio de las actividades de mis días.

Julieta Venegas en el Primera Persona 2019 | Miquel Taverna | © CCCB

Julieta Venegas en el Primera Persona 2019 | Miquel Taverna | © CCCB

Lecturas y música

¿De qué manera se unen mis lecturas y mi música? Más bien, no sabría cómo separarlas. Son parte de un mismo microcosmos. Mi necesidad de escribir, con mis ganas de leer, vienen del mismo lugar; un lugar que necesito para entender el mundo, y para intentar expresarlo y expresarme. Las palabras y la música me permiten disfrutar del lenguaje, me hacen pensar, reflexionar, y me dan felicidad.

Ha habido algunas canciones inspiradas en libros, en historias, o en personajes. Pero en realidad es más que solo una canción. Es algo que está firmemente unido, pero no en lo concreto: no es que uso el lenguaje así porque leí aquello; o digo una cosa por esta otra novela. Cuando empiezo a escribir, intento olvidarme de todo lo que sé. Lo que viene, eso que tengo ya como parte de mi tejido sutil, no viene de un lugar concreto. Pero se ha ido alimentando en algún lugar de lo que soy. Y en cualquier momento puedo intentar contarlo, con una canción. Todos los procesos se unen. Hay que leer porque nos da placer, antes de porque alguien nos diga que debemos hacerlo. Y nunca porque creemos que eso nos hará mejores personas. La lectura nos ayuda a ser esa persona que necesitamos ser. Es una herramienta más para abrir caminos y para encontrarnos. Escribir es comunicar y comunicarnos es esencial para sobrevivir en este mundo. Y para sentirnos un poco menos solos.

Entonces, ¿por qué? ¿Por qué entrar en esos mundos? En el mundo de Vasili Grossman, en la guerra de Stalingrado, viviendo hambre, entrando en una cámara de gas, mientras abrazo a un niño. ¿Por qué me subo a ese tren con Imre Kertész? Aunque me lleva de la mano, solo puede llevarme a un camino de tragedia. ¿Por qué quiero vivir a Proust, con su gracia, su elegancia, si musicalidad, su encantadora frivolidad? ¿Por qué meterme en los mundos de Susana Thénon, de Nicanor Parra, de Flaubert, de Natalia Ginzburg? ¿Por qué quiero entrar a los mundos extraños de Pablo Katchadjian, de Elena Garro, por qué voy feliz al mundo terrible y conmovedor de Clarice Lispector? ¿Por qué quiero saber sobre la vida de un Stoner, en ese libro de John Williams, por qué me parece tan apasionante, su existencia gris y fracasada?

Por esto: estamos todos conectados, somos en esencia granos de arena, viviendo pegados, revueltos, y entre más capas quitamos, más similares somos, solo que eso se nos olvida todo el tiempo, y el leer a otras y otros nos lo recuerda. «La humanidad entera en una nuez». Nuestra belleza, nuestra vulnerabilidad, nuestros deseos, nuestros fracasos se encienden cuando los reconocemos en otras historias. Cuando nos reconocemos. Ese es el regalo de la literatura, ese es el regalo del arte. Y por eso hay que celebrarlo. Hay que disfrutarlo mientras podemos, hay que mirar hacia atrás y hacia delante, porque todo lo que hemos sido nos sigue construyendo, paso a paso, hacia un futuro que aún no conocemos. Y celebremos que las obras maestras del futuro están por ser escritas, por alguien que aún está por nacer.

Fernando Pessoa, Josefina Vicens, Roberto Bolaño, Anne Carson, Iris Murdoch, Fiodor Dostoievski, Maggie Nelson, Magda Szabó, gracias.

Samanta Schweblin, Leo Tolstói, Romina Paula, Fernanda Melchor, Ivan Goncharov, Joseph Roth, Amos Oz, Chris Kraus, Gloria Fuertes, gracias.

Italo Svevo, Sara Uribe, Selva Almada, Yasunari Kawabata, Vivian Gornick, Marina Tsvitsaieva, Emily Dickinson, Ben Clark, Vasily Grossman, Svetlana Alexeievich, Rafael Bernal, Mariano Blatt, gracias.

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