La autopublicación y la literatura de la larga cola

¿Puede la autopublicación democratizar la publicación de contenidos y ser un desafío al statu quo de la industria editorial?

Sala del mimeógrafo en la University of Illinois at Chicago, 1947.

Sala del mimeógrafo en la University of Illinois at Chicago, 1947. CC-BY-NC-ND, University of Illinois at Chicago.

En tan solo veinte años, la autopublicación ha crecido hasta convertirse en un fenómeno de masas, donde cualquiera puede publicarse y hacer accesible su obra a una audiencia global. Este hecho ha supuesto que, hoy por hoy, la autopublicación sea percibida como un desafío al statu quo de la industria editorial, con más de quinientos años de historia. Como cada nuevo paradigma, la autoedición cuenta con tantos detractores como defensores. De ella se dice que empodera a los autores en detrimento de la cultura y que es incompatible con el sector editorial. ¿Qué es mito y qué realidad? Para poder discernir entre ambos, es necesario entender el impacto de la autoedición en el contexto actual.

Antes de Internet, si alguien deseaba expresar su opinión, difundir un estudio o compartir sus creaciones literarias más allá del entorno inmediato, debía contar con el apoyo de un canal para acceder al público. Ese canal solía ser un medio de comunicación o una editorial.

El cuello de botella

Durante siglos, estas entidades ejercieron de altavoz social a la vez que filtro: los medios de comunicación marcaban la agenda temática, las publicaciones especializadas cribaban el estudio por relevancia o rigor científico, y las editoriales seleccionaban las obras según sus méritos literarios y el interés de los lectores. Entonces, solo unos pocos alcanzaban ser publicados, mientras que otros muchos se quedaban con la esperanza de serlo.

Esta criba continúa y dista mucho de ser infalible. Uno de los experimentos más notorios en el sector del libro fue el realizado por el Sunday Times en 2006. El rotativo envió a veinte editoriales y agentes los primeros capítulos de In a Free State del premio Nobel de Literatura V. S. Naipaul, y la novela Holiday, de Stanley Middleton, que en 1974 ganó el Booker Prize. De las dos decenas de profesionales, solo un agente mostró interés por uno de los manuscritos y fue por el de Middleton. Otros autores, cuyas obras son hoy de culto, también se vieron ignorados en su día por agentes y editoriales, entre ellos: James Joyce, Agatha Christie, George Orwell, William Golding o J. K. Rowling.

Publicación para todos

Hace veinte años, con el advenimiento de Internet, todo usuario obtuvo la libertad de expresar sus ideas y consumir contenidos, sin más barreras de entrada o filtros que los de buscadores como Yahoo y luego Google.

La blogosfera fue la primera plataforma, herramienta y altavoz que democratizó la publicación de contenidos al estar abierta a todos los públicos, en igualdad de condiciones. Tras esta, vino la autopublicación, que ayudó a escritores a comercializar su libro en línea y fuera de línea, y a hacerlo accesible a lectores en todo el mundo. Nunca antes cualquier individuo, por sí solo y por sus propios méritos, podía alcanzar un público tan grande, tan remoto o tan específico.

Pero, ¿por qué tantos quieren autopublicarse? Hay varios factores que influyen en la toma de esta decisión y, contrariamente a la opinión general, no se trata de un último recurso. En función de las necesidades y objetivos del autor, la autopublicación puede ser el camino más adecuado para comercializar su libro.

Ventajas propias del modelo

En términos generales, todas las fórmulas de autoedición en el mercado convierten un documento Word en un libro en menor tiempo que las editoriales tradicionales, suelen ofrecer mayores regalías, permiten al autor personalizarlo a su gusto y lo distribuyen en por lo menos un canal y un formato, en todo el mundo.

Internet también concede igualdad de oportunidades: los autores independientes encuentran un mercado virtual donde exhibir, promocionar y vender sus libros. En él, minoristas globales como Amazon, Google Books o iBooks otorgan el mismo espacio a un libro autoeditado que a otro con respaldo editorial.

Nuevos modelos de negocio en la industria editorial: abundancia de contenidos, formas de acceso y generación de ingresos, Carmen Ospina. 2015

Testeo del mercado

Si un autor no se publica, no le leerán: la autoedición permite llevar la obra al mercado y ver cómo es acogida. Es más, como el autor retiene los derechos de su obra, puede seguir enviando el manuscrito a editoriales tradicionales si así lo desea. Mientras espera una respuesta, que puede tardar desde varios meses hasta dos años en llegar, ya estará cosechando sus primeras ventas.

Las editoriales ven en la autoedición una cantera de talento. De ella han surgido figuras apreciadas como E. Hemingway, más recientes como E. L. James, o nuevas promesas como Laura Ferrero. En 2015, Ferrero costeó su primer libro de relatos, Piscinas Vacías, y, tras alcanzar el Top 100 de ventas en Amazon, ha firmado contrato con Alfaguara en menos de un año.

Sostenibilidad medioambiental

La autoedición no solo se ha basado en el auge de Internet como canal de distribución, sino también en la tecnología de impresión bajo demanda. La impresión bajo demanda consiste en imprimir ejemplares de uno en uno, a medida que se solicitan, y lo más cerca posible del comprador. Así, un autor puede autopublicar su libro hoy en Barcelona, y un lector adquirirlo en Sídney en cuestión de días. Gracias a la digitalización de archivos y a este modo de impresión, se producirá un ejemplar en Australia y allí será entregado.

Público o contenidos específicos

Libros como los tratados científicos, las memorias y las historias de superación personal tienen en común que van dirigidos a un público muy específico –un segmento o un nicho de los lectores–, que muestran sensibilidad por esa materia y pueden estar geográficamente muy dispersos. La autoedición permite llevar ese contenido a la luz y hacerlo accesible desde cualquier rincón del planeta.

En este marco, también encontramos las ediciones del sector público, con una difusión limitada al territorio donde se producen. Tanto ayuntamientos que subvencionan la publicación de su historia local como universidades que editan las obras de sus investigadores o entidades culturales que fomenten la literatura podrían beneficiarse de hacer accesibles los contenidos de una forma universal.

La calidad y la cultura

Uno de los peros más comunes de la autopublicación es que esta abarca un conjunto de obras muy heterogéneas y de calidad variable. Es una apreciación cierta; lo cuestionable es si este hecho empobrece la cultura y va en detrimento de la sociedad, como frecuentemente se le atribuye.

Llevémoslo al campo de Internet: Blogger y WordPress son plataformas que han empoderado a toda persona que sepa escribir a expresarse; pero, a la vez, han facilitado que todo lector pueda acceder a textos sin límite, sin filtros, sin intermediarios. ¿Existe alguna cruzada contra ellas porque alojen toda suerte de contenidos?

Internet –de forma similar a la autoedición– representa una fuente de recursos extensísima para la sociedad. Es el lector quien decide si aquel enlace o aquel libro al que ha sido dirigido le «gusta». En tanto que el mundo digital aporta una infinidad más de opciones que el analógico, la experiencia de consumo tiende hacia la personalización.

Así, junto a la nueva figura de autor que emerge, otra figura de lector también cobra relevancia: el lector de la larga cola.

Gráfico que representa la larga cola.

Gráfico que representa la larga cola. Dominio público, Hay Kranen (modificado)

Chris Anderson, editor de Wired Magazine, anticipó esta tendencia cultural y económica ya en el año 2004. Anderson explicó cómo coexiste el modelo clásico de pocas referencias y gran demanda (la cabeza del gráfico), con un modelo nuevo de cuasi infinidad de referencias con una demanda unitaria menor (la larga cola).

La publicación tradicional ha dirigido siempre sus esfuerzos a hallar aquellas obras que capten el mayor número de lectores posible. Sin embargo, estos mismos lectores también pueden sentir interés por consumir otra serie de contenidos –los de larga cola– también afines a sus gustos, sea una antología poética de un amigo, la historia de una comunidad indígena o la experiencia vital de una enfermedad. Este tipo de obras son las que la autoedición abarca y consigue acercar a su público.

En la actualidad, nos encontramos con que el sector editorial ha abierto su espectro de posibilidades de publicación y lectura más allá del público de masas. La autoedición aporta a la publicación tradicional tanto títulos de gran demanda como de larga cola; favorece la libre comunicación de ideas al eliminar barreras de publicación, y ofrece a la sociedad una variedad de contenidos, que, de otro modo, difícilmente hubieran visto la luz ni encontrado a sus lectores.

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  • Ramona Canela | 02 marzo 2016

  • Equip CCCB LAB | 03 marzo 2016

  • luciana Cavazzani | 13 marzo 2016

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