Premi Internacional a la Innovació Cultural

¡Internet, internet!

Cuanto mejor conozcamos las potencialidades y los riesgos de Internet y las tecnologías que la aceleran y expanden, mejor podremos utilizarlas para crear un mundo más crítico, creativo y democrático.

La computadora CSIR Mk 1 llevó a cabo el primer programa de test el 1949 | Archives, CSIRO

La computadora CSIR Mk 1 llevó a cabo el primer programa de test en 1949 | Archives, CSIRO | CC BY 3.0

Actualmente casi la mitad de la población mundial está en línea. Cuestiones relevantes como igualdad, diversidad, libertad, alfabetización y neutralidad también definen el debate de fondo de Internet. ¿Qué podemos hacer, desde la cultura, por una Internet más libre, igualitaria y abierta? La tercera edición del Premio Internacional a la Innovación Cultural quiere premiar proyectos innovadores sobre el presente y el futuro de Internet que contribuyan al empoderamiento de la ciudadanía y a la mejora de la red.

Cada nueva edición del Premio Internacional a la Innovación Cultural propone una temática diferente. En la primera convocatoria el tema fue «Público/s», y se confirmó que el concepto, las maneras y las herramientas disponibles para acceder a contenidos culturales están cambiando radicalmente en el siglo XXI, pese a que algunas formas tradicionales de prescripción continúen intactas. La segunda convocatoria estuvo dedicada al «Cambio climático» y formó parte de un extenso programa del CCCB (2016-2018) dedicado a todo lo que la cultura puede aportar para atenuar las consecuencias de la grave crisis ecológica que estamos padeciendo. Para la tercera edición del premio el tema elegido es «Internet».

En 2019 se cumplirán cincuenta años desde que en 1969 se pusiera en marcha Arpanet, la red que se considera como el origen de Internet. Y también se celebrarán los treinta años de la WWW, coincidiendo con un momento en que sus propios creadores admiten las amenazas que se ciernen sobre este conjunto de tecnologías interconectadas: por un lado, han permitido avances evidentes en el acceso a la información, la creatividad y la educación; por el otro, pueden convertirse en un poderoso instrumento para la opresión, la censura y el control masivo de los ciudadanos.

¡Oh, Internet, Internet!

Internet es un espejo de nuestra evolución (o involución) como especie. Un conjunto de tecnologías disruptivas que han cambiado y seguirán cambiando nuestra manera de construir mundos.

La red ha ido desplegándose como un gigantesco, barroco y laberíntico organismo con fases de crecimiento regidas por leyes exponenciales bajo los designios de enigmáticos algoritmos. Ha tenido sus periodos de expansión y también sus colapsos; como en otros procesos de evolución tecnológica se han producido extinciones masivas y nuevos renacimientos. Algunas especies originales han desaparecido, pero cada día nuevas especies se incorporan a un universo en continua expansión.

Mucho ha pasado en los últimos años, desde la introducción de Internet en todos los ámbitos de la esfera social, de lo militar a lo científico, de lo académico a lo doméstico. Actualmente casi la mitad de la población mundial ya está en línea. Internet es el reflejo de la sociedad en la que vivimos: todas nuestras diferencias, problemáticas e incertidumbres se acentúan y multiplican en la red. Cuestiones relevantes como igualdad, diversidad, libertad, alfabetización y neutralidad también definen el debate de fondo sobre Internet.

Tim Berners Lee changed the world 25 years ago, 2016 | World Economic Forum
Tim Berners Lee changed the world 25 years ago, 2016 | World Economic Forum

Tim Berners-Lee, inventor de la WWW, fundó en 2009 la WWW Foundation con los objetivos de defender una red abierta entendida como bien público y derecho básico, y de colaborar en la lucha por la igualdad digital. Desde entonces, no ha dejado de vigilar y denunciar las consecuencias del mal uso de su invento. Y ya son diversas las voces críticas al respecto: la matemática Cathy O’Neil publicó en 2016 Weapons of Math Destruction, un ensayo sobre las implicaciones del uso indiscriminado de algoritmos en la toma de decisiones, y en 2018, Virginia Eubanks, profesora de Ciencias Políticas en la University at Albany (Nueva York), ha publicado Automating Inequality: How High-Tech Tools Profile, Police, and Punish the Poor, en el que denuncia, precisamente, que el uso de algoritmos aplicados conjuntamente con estadísticas demográficas, lejos de ayudar a crear un sistema equitativo, continúa propagando una visión de la sociedad parcial y llena de prejuicios.

En esta línea de investigaciones la Fundación Mozilla dio a conocer este año el «Informe sobre el estado de salud de Internet», que, mediante el análisis de diferentes aspectos de la red (alfabetización digital, apertura, descentralización, inclusión, privacidad y seguridad), pone énfasis en factores de desigualdad y riesgo, entre los que cabe destacar los siguientes puntos:

  • A pesar de que prácticamente el 50% de la población mundial está online, la conexión a Internet no es igualitaria; mientras en Europa el 80% de la población tiene acceso a la red, en África el porcentaje desciende al 20%.
  • Aunque se considere la conexión a Internet como un derecho fundamental para el desarrollo económico, los índices de conectividad global apenas han aumentado un 5% en los últimos años.
  • La brecha digital es un reflejo de la desigualdad social y esto queda patente en el hecho de que en aquellos países donde las mujeres tienen un menor acceso a la educación y a los derechos laborales y económicos, estas tienen también menos acceso a Internet.
  • Tener acceso a Internet no es garantía de mayor libertad informativa, como demuestra el hecho de que dos tercios de los usuarios en el mundo viven en países donde es habitual la censura.
  • Internet está hoy en día controlado por multinacionales que monopolizan la red y la información que circula a través de ella, poniendo en entredicho su supuesta descentralización y neutralidad.
  • Las empresas tecnológicas están compuestas en su mayoría por perfiles de baja diversidad, principalmente hombres blancos, lo que provoca que el software y los algoritmos que desarrollan sean un reflejo de sus propios creadores, dejando al margen las necesidades de otros usuarios y comunidades con menos representación.
  • Una cuarta parte de las personas online tienen entre quince y veinticuatro años y en Europa el 96% de los jóvenes está conectado, pero este porcentaje es independiente de la capacitación de los usuarios o de su alfabetización digital, lo cual afecta directamente al nivel de eficiencia con que usan la red.
  • Estudios recientes demuestran que tener acceso a la red y usar aplicaciones no produce siempre emociones positivas, y algunas investigaciones han llegado a analizar el impacto negativo y la infelicidad que provocan ciertas aplicaciones para móviles.

El futuro (es) de Internet

La Internet de las cosas (IoT), el Big Data, los avances de la realidad virtual, la irrupción de la computación cuántica, el papel de los algoritmos o el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) son decisivos para vislumbrar el futuro de Internet. Es estéril negar una tecnología que ya forma parte de nuestra vida cotidiana, pero resulta imprescindible un amplio debate sobre cómo la empleamos actualmente y cómo esperamos que sea en el futuro.

Pensemos por ejemplo en los electrodomésticos conectados a Internet. A principios de año la periodista Kashmir Hill publicó en Gizmodo los resultados de su experimento doméstico tras instalarse todos los aparatos posibles que disponían de IoT. Desde un colchón que analizaba su sueño hasta un consolador, pasando por un cepillo de dientes. Mientras tanto Surya Mattu, su colega informático, monitorizaba el tráfico de datos que generaban todos estos objetos a través del router: cada electrodoméstico emitía informes de sus actividades, datos y más datos, grabaciones de vídeo, registros de uso, horarios de sus rutinas domésticas; y todo ello era enviado con diferentes niveles de codificación a las respectivas empresas.

 

What your smart devices know (and share) about you | Kashmir Hill and Surya Mattu
What your smart devices know (and share) about you | Kashmir Hill and Surya Mattu

Otro ejemplo es The Little Book of Design Fiction for Internet of Things, una publicación de Paul Coulton, de la Cátedra de Diseño Especulativo y Juegos de la Universidad de Lancaster, con la colaboración de Rachel Cooper y Joseph Lindley. Se trata de una investigación realizada como parte de su colaboración en PETRAS, un consorcio formado por nueve universidades del Reino Unido con el objetivo de explorar aspectos críticos relacionados con privacidad, ética, confianza, aceptabilidad y seguridad con la IA y la IoT. En esta publicación uno de los objetos imaginarios que se proponen (con humor e ironía) es una tetera capaz de detectar, entre otras cosas, que un amigo tuyo está relativamente cerca de tu casa y que tal vez deberías invitarle a merendar… La línea de investigación de Coulton a través del diseño especulativo le lleva a analizar y proponer de forma crítica e imaginativa las posibilidades que brinda la tecnología de la IoT. Su departamento, además, ha participado en The Living Room of the Future, una instalación inmersiva con la colaboración de la BBC-RD, la Universidad de Lancaster y la Universidad de Nottingham.

¿Y qué hay de proyectos como «Disobedient Wearables»? Partiendo de la idea de los wearables, como los relojes o pulseras inteligentes que captan nuestros movimientos y rutinas, especula con la idea del Civic Armor, una camiseta que es capaz de detectar y registrar los impactos recibidos en las manifestaciones durante las cargas policiales para servir de testimonio, elaborar cartografías y convertirse en una herramienta para denunciar los abusos del poder.

Estos son solo algunos de los diversos ejemplos que demuestran que más allá de las visiones pesimistas o distópicas también existe la convicción de que cuanto mejor conozcamos las potencialidades y riesgos de Internet y las tecnologías que la aceleran y expanden, mejor podremos utilizarlas para crear un mundo más crítico, creativo y democrático. No es una tarea sencilla. Requiere investigación e innovación permanentes. Ninguna mente individual es capaz de comprender todas las implicaciones de una tecnología que es al mismo tiempo visible e invisible. El trabajo es ingente y el mundo cultural tiene una función relevante.

En este sentido, la tercera convocatoria del Premio Internacional a la Innovación Cultural se suma a las múltiples iniciativas que desde distintas disciplinas, organizaciones y ámbitos geográficos confían en que otra Internet es necesaria y es posible.

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