Festivales: Apogeo, crisis y transformación

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Kosmopolis 08. © CCCB, Martí Pons, 2008

Una visión generalista de los festivales que han tenido lugar en Barcelona en los últimos años, confirma algunas evidencias y permite formular una serie de cuestiones que afectan al presente- futuro del formato festival.

El numero de festivales nacidos con el nuevo siglo, sumado a los eventos con una trayectoria ya consolidada en el siglo pasado, revela un notable incremento de la actividad. Podría decirse que hay festivales para (casi) todos los gustos. Es decir, para todas las edades, los géneros, las artes, los gremios, las tendencias y las identidades. Existe una hegemonía de los festivales inscritos a la galaxia audiovisual y a la galaxia musical, pero también van ganando espacio festivales dedicados a otras artes y disciplinas, y algunas propuestas todavía inclasificables. En este sentido, no cabe dudar del vigor creativo de Barcelona, una ciudad que sabe reinventarse a si misma, pese a los proyectos fallidos, las pulsiones endogámicas y los dirigismos de vía estrecha.

Lo que si es necesario plantearse son los dilemas de un panorama cercano a la saturación. Es una tarea que afecta a todos los creadores, organizadores y gestores vinculados a los diferentes festivales, y que se inscribe dentro una reflexión más amplia sobre el rumbo y el sentido de las actividades culturales en los comienzos del siglo XXI. Los festivales no son ajenos a una dinámica de cambios acelerados, donde el impacto de las nuevas tecnologías constituye un factor determinante, y la emergencia de nuevos públicos, un aliciente para romper inercias, renovar los modelos o cambiar los referentes. Y tampoco pueden ser ajenos a una crisis económica global que se comprende mejor si se considera como la culminación de una serie de crisis interconectadas que están poniendo en entredicho, entre otras cosas, la capacidad de la especie humana para gestionar un planeta con recursos finitos.

Los referentes habituales para valorar la necesidad, la evolución e incluso la continuidad – o no- de un festival, son su trayectoria, las cifras de público y la cobertura mediática que pueda tener. Indicadores que pueden ser elocuentes, pero también engañosos o insuficientes ; es posible que algunos festivales hayan cumplido su ciclo, y se los mantenga con respiración asistida, y haya otros, con un potencial singular, que se vean asfixiados sin otra salida que su desaparición. No es fácil modificar unos criterios que al mismo tiempo de avalar trayectorias discutibles e indiscutibles, interfieren en la emergencia de propuestas más acordes a un contexto cultural en mutación vertiginosa. Lo que sigue puede parecer un ejercicio de ficción especulativa, pero quizá permita incorporar otros indicadores que puedan ser tenidos en cuenta si se apuesta por una necesaria investigación e innovación en el ámbito cultural.

  • Crisis y transformación del formato festival. Es probable que se defina como “festivales” a eventos o actividades que no corresponden a ese formato, o hace tiempo que lo abandonaron. Igual que sucede con el género exposición , es notorio el retraso de las nomenclaturas en relación a lo que está sucediendo Por eso, no solo seria deseable activar la conciencia de la imprescindible evolución conceptual y formal que requieren los festivales (y desde luego, todos los géneros y formatos), sino encontrar términos más adecuados para experiencias que no pueden valorarse con los parámetros habituales.
  • Reorientación de la agenda cultural Si es cierto que vivimos en un momento histórico donde un número elevado de personas se está cuestionando el modo de crear, distribuir y compartir el conocimiento y también nuestra manera de habitar el planeta, las prioridades de la agenda cultural no pueden ser las mismas. Y algunos festivales, sin duda, pueden contribuir a esta reorientación. Las urgencias son tan elocuentes que la responsabilidad no solo atañe a los colectivos independientes o alternativos.
  • La huella ecológica en cultura. Tarde o temprano el ámbito cultural incorporará el criterio de “huella ecológica” para defender sus logros y asumir sus contradicciones. ¿Son sostenibles los grandes festivales? ¿Cuál es la huella ecológica de los macro conciertos? ¿Por qué la implantación de una conciencia ecológica sigue constituyendo un tabú en la gestión cultural? ¿Es deseable aplicar las teorías del decrecimiento a las industrias culturales?
  • Potenciar plataformas de trabajo. Idealmente, los nuevos festivales podrían constituir solo una de las posibles manifestaciones de procesos de creación y de temáticas emergentes que requieren plataformas permanentes de trabajo. Un festival tiene la virtud de concentrar en pocos días una serie de temas, obras y creadores, pero buena parte del esfuerzo puede dilapidarse si no alimenta procesos de fondo, orientados a la emergencia de una nueva cultura. Una cultura que asuma la crisis, y al mismo tiempo que afina sus diagnósticos, aporte soluciones innovadoras, aunque el debate sobre qué es innovación en cultura apenas haya comenzado.

Artículo publicado en Barcelona Cultura. Balanç 08. Institut de Cultura de l’Ajuntament de Barcelona.

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  • sara | 11 septiembre 2010

  • admin | 13 septiembre 2010

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