Escrituras conceptuales: un panorama

Dibujamos un panorama de escritura experimental de hoy, con especial atención al conceptualismo y los procesos de apropiación y desapropiación en América.

Profesora. N/D.

Profesora. N/D. Fuente: Flickr

Dibujamos un panorama de la escritura experimental de hoy, con especial atención al conceptualismo y los procesos de apropiación y desapropiación en América, tanto del norte como del sur.

«Solo cité citas»
Pablo Katchadjian
La cadena del desánimo (Blatt & Ríos, 2013)

En términos nacionales, seguramente sea en la literatura mexicana donde encontramos los ejemplos de poesía documental política más intensos de los últimos años. Tres de ellos se podrían incluso ordenar según la época histórica a la que se refieren –en lugar de según el año de publicación– para generar una lectura de la historia de México conectada con los sucesivos imperios y, a través de ellos, con las redes de la violencia y del capitalismo globales. Así, La sodomía en la Nueva España (Pre-textos, 2010), de Luis Felipe Fabre, habla de la política represiva de la Santa Inquisición contra los homosexuales a través de la contraposición de versos propios con extractos de actas de tortura y ejecución, creando un complejo diálogo entre la poesía del Siglo de Oro y la actual, en que reverbera la polisemia del concepto género. A-H. Anti-Humboldt: Una Lectura del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, firmado por Canadá, Estados Unidos y México (2014), de Hugo García Manríquez, por su parte, deja en segundo plano el texto oficial del tratado (1992-1994), mientras que subraya algunas de sus palabras o frases, creando con ellas un poema que se opone al documento institucional, que se conserva al fondo, un tanto borroso, fantasmal, desapropiado. Por último, Antígona González. Instrucciones para contar muertos (Surplus, 2012), de Sara Uribe, trabaja también en dos planos: por un lado, la historia universal de las antígonas que buscan a sus hermanos; por el otro, los testimonios de los supervivientes de la narcoviolencia extrema de los últimos años: el México del siglo XXI.

Una mirada hispanoamericana de la literatura conceptual de este cambio de siglo podría encontrar su punto de partida en Leyendo agujeros. Ensayos sobre (des)escritura, antiescritura y no escritura (Tierra Adentro, 2005), del propio Fabre, quien dibuja un mapa que conecta las obras de Ramón López Velarde, Néstor Perlongher, Ulises Carrión, Nicanor Parra y Roberto Bolaño. Los maestros. «Leer agujeros es entender que los huecos que llagan un texto son también una escritura: el braille de lo desaparecido», leemos; «los textos que aquí abordo pueden entenderse como “post-poemas”, en cuanto que textos resultantes de la desaparición de una palabra, un verso, una estrofa, o erigidos a partir de la ausencia de otro poema». O de personas ausentes. La línea del poema «Hay Cadáveres», de Perlongher, sobre los desaparecidos argentinos, podría conducir a El material humano (Anagrama, 2009), de Rodrigo Rey Rosa, que investiga en los miles de víctimas de la guerra civil guatemalteca a partir de material de archivo; para después conectar con Antígona González.

Documentos intervenidos, cuerpos violentados. ¿Cuáles podrían ser las tensiones más fuertes a las que se está sometiendo la literatura de este cambio de siglo? Yo diría que las que tienen en un polo a la ficción y, en el otro, a la crónica, la crítica, la autobiografía y el cuerpo. ¿La ficción y lo documental? La polarización es imposible: se imponen el espectro, el matiz, el vaivén. Son tensiones atravesadas por la pantalla y por la política. Es muy difícil pensarlas sin los modos en que sobre esas mismas cuestiones han intervenido en las últimas décadas las artes contemporáneas. No es casual que García Manríquez enfatice en su poema la palabra «uso», que en una de las páginas se repite en negrita creando una nube de insectos sobre el fondo de la prosa del tratado. Ni que en el texto teórico que acompaña a su intervención poética escriba: «Inestabilidad es otra palabra para lectura».

Este pasado mes de abril Jean-Yves Jouannais ha terminado el proyecto L’Encyclopédie des guerres, una serie de conferencias en el museo Pompidou de París, suerte de escritura en directo de una obra enciclopédica, posible performance de siete años consagrada a la producción de literatura en el corazón del arte contemporáneo. En su recomendable ensayo Artistas sin obra (Acantilado, 2014), Jouannais recorrió uno de los márgenes de la literatura a través de personajes geniales que hubieran sido grandes escritores si se hubieran dedicado a la escritura de libros y no a las cartas, los diarios íntimos, la conversación, el paseo, la mera mirada. Genios de la idea, no de su traducción en textos escritos. Artistas del concepto. El libro es de 1997, postrimerías del siglo XX. La serie de conferencias es de ahora mismo. Entre esas dos fechas ha proliferado, sobre todo en América, una nueva conciencia, posmoderna, heredera inconsciente de esos autores sin obra: existe una escritura conceptual que, desde la literatura, se proyecta hacia las artes. El reverso de la moneda que, al menos desde Art & Language, se ha proyectado desde la institución arte hacia el ámbito de lo literario.

La gran mayoría de los ejemplos que recoge el libro de Jouannais son franceses (la excepción más rotunda, como casi siempre, es Borges). En otros proyectos antológicos o eruditos de la literatura conceptual encontramos la misma inclinación local. «Escritura experimental en España, 1963-1983», exposición recientemente comisariada por Javier Maderuelo en el Círculo de Bellas Artes, contaba con poetas y artistas como Juan Eduardo Cirlot, Isidoro Valcárcel Medina, Concha Jerez, José-Miguel Ullán o Jorge Oteiza. Pese al título, Escrituras objeto. Antología de literatura experimental (Interzona, 2014), compilación de Tomás Vera Barros, incluye exclusivamente a autores argentinos (Arturo Carrera, Leónidas Lamborghini, Alejandro López, Mauro Césari, Belén Gache, Ezequiel Alemian, Pablo Katchadjian, charly.gr y Luis Espinosa). Por su parte, Kenneth Goldsmith y Craig Dworkin, en Against Expression. An Anthology of Conceptual Writing (Northwestern University Press, 2011), pese a significativas excepciones, sobre todo francesas (Diderot, Roussel, Perec, Cendrars…), seleccionan principalmente a autores anglosajones. Y Marjorie Perloff, en su imprescindible ensayo Unoriginal Genius: Poetry by other Means in the New Century (Chicago University Press, 2010), sigue la misma estrategia: Walter Benjamin o la Poesía Concreta Brasileña son estudiados principalmente como eslabones clave de una genealogía que conduce a las poéticas de autores norteamericanos como Susan Howe, Charles Bernstein o el propio Goldsmith.

Aunque tengan en común la ausencia de autores o artistas hispánicos, en ambas propuestas encontramos, no obstante, vías de apertura hacia la literatura comparada y una conciencia de que la poesía conceptual es en la actualidad un fenómeno global. Perloff, por su lado, presta gran atención a la obra de Caroline Bergvall, artista de la escritura de nacionalidad franco-noruega, que vive en Inglaterra y cuya obra cruza tanto lenguas como medios. Y tras la antología de escritura conceptual está Ubu Web, sin duda el proyecto más ambicioso e importante vinculado con el estudio y la difusión globales de proyectos de vanguardia literarios, artísticos y cinematográficos, dirigido por el mismo Goldsmith desde 1996. Está claro cuál es el círculo de interlocutores, porque Bernstein y Perloff están en el consejo de dirección de Ubu Web. Y la misma autora epiloga Inquieto (La Uña Rota, 2014), ese ejercicio beckettiano extremo que Goldsmith lleva a cabo desnudándolo en lo posible de ficción, mediante una descripción exhaustiva y documental de todos los movimientos de su cuerpo durante un 16 de junio, Bloomsday.

En el interior del mismo país, los Estados Unidos, encontramos, en cambio, a dos agentes dobles, dos escritores de origen hispanoamericano que crean puentes entre las literaturas conceptuales de ambos idiomas. Me refiero, por un lado, a Cristina Rivera Garza –mexicana afincada en San Diego–, quien abre el campo de estudio y de reflexión, partiendo de la violencia extrema en México y de sus interpretaciones en clave de poesía documental, para incluir en Los muertos indóciles. Necroescrituras y desapropiación (Tusquets, México, 2013) también a los poetas documentales norteamericanos, los procesos creativos del español Agustín Fernández Mallo o el post-exotismo del francés e inclasificable Antoine Volodine. Y, por el otro, me refiero también a Reinaldo Laddaga –argentino afincado en Nueva York–,que en su último libro, Things That a Mutant Needs To Know: More Short and Amazing Stories (Unsounds, 2013), trabaja las intersecciones entre el inglés y el español, entre la literatura y la música (invitando a varios músicos a interpretar las piezas de una continuación imaginaria de Cuentos breves y extraordinarios de Bioy y Borges) y entre los diversos formatos en que almacenamos y difundimos la cultura (el libro de diseño exquisito, los cedés, el e-book). Laddaga prologa la traducción al español del ensayo de Goldsmith Escritura no creativa (que próximamente publicará Caja Negra); y Rivera Garza tradujo Notas sobre conceptualismos (Conaculta, 2013), de Robert Fitterman y Vanessa Place. Ambos, en fin, son escritores de frontera, traductores entre culturas, una figura absolutamente necesaria para entender ese repertorio internacional de estrategias transartísticas que llamamos apropiación y desapropiación.

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