Des(vistamos)la: arte y consumo responsable

Una intervención artística y de cocreación en El Konvent (Berga) que reflexiona sobre los aspectos ocultos del consumo y la trazabilidad de los alimentos.

Control de los alimentos en la cocina de Notre Dame.. Jerusalem, 1942

Control de los alimentos en la cocina de Notre Dame.. Jerusalem, 1942 | Library of Congress | Dominio público

La industria agroalimentaria oculta una parte importante de los elementos que configuran la trazabilidad de los alimentos, y así favorece el consumo acrítico. Concebido como una metáfora, el proyecto (des)vistamos(la) reflexiona sobre el consumo alimentario desde la estética de los alimentos. El proyecto se convierte en una intervención a medio camino entre la experiencia estética, la reflexión y la concienciación social. Esta experiencia tuvo lugar en el centro de arte contemporáneo El Konvent, en Berga, un espacio que desde un entorno de creatividad colectiva y multidisciplinar propone un nuevo tipo de intervención artística para superar las fricciones entre naturaleza y acción humana, entre tecnología y cultura.

Entre el arte, la investigación y los datos hay un amplio espacio de significado para acciones que, partiendo de una temática inspiradora, activen la creatividad colectiva. ¿Qué pasa cuando distintas técnicas y filosofías de cocreación de conocimiento nos llevan –de nuevo, pues es de allí que provienen– al terreno de la creación artística, con la voluntad de generar la reflexión e invitar a la acción propias del activismo? A medio camino entre la investigación-acción y la intervención artística, un grupo de personas interdisciplinares se reúnen en el centro de arte contemporáneo El Konvent para desplegar una serie de dinámicas que conectan tecnología, arte y consumo.

Punto de partida: (des)vestir alimentos

Detrás de la estética de los alimentos hay una serie de aspectos relevantes: el origen, el tipo de producción, la manipulación que han recibido, el trato económico y social de las personas que los han conreado o elaborado, etc., que acaban definiendo su trazabilidad.

Como personas, a la hora de escoger los alimentos, nos acercamos al consumo desde distintas perspectivas: por aspectos funcionales (el precio, la comodidad…), sociales (conocer los agentes que intervienen en la cadena de producción, distribución y comercialización), por el tipo de producto o manipulación (ecológica, integrada…), por motivos ambientales (recorrido, embalaje, malbaratamiento), por razones de salud (dieta equilibrada, variada, saludable…) o emocionales (promover un consumo socialmente justo y conectado con la persona que produce los alimentos o los elabora).

De todas formas, la gran industria agroalimentaria, que controla buena parte de la cadena de producción y consumo de alimentos, oculta una parte importante de los elementos que configuran su trazabilidad, y de esta forma favorece el consumo acrítico.

Concebida como una metáfora, (des)vistamos(la) quiere desvestir la estética de todo lo que consumimos para mostrar su trazabilidad, sus valores. Para ello, y de acuerdo con el recorrido del proyecto, impacta artísticamente en los alimentos para vestirlos con nuevas capas que no eran visibles antes de la intervención. De esta forma se pretende provocar la acción de la persona que contempla la obra.

Jornadas (des)vistamos(la) en el Konvent. Berga, 2018

Jornadas (des)vistamos(la) en el Konvent. Berga, 2018 | David Gómez, Wikimedia Commons | CC BY-SA 3.0

El Konvent: espacio y personas

El centro de arte contemporáneo El Konvent, antiguo convento de monjas de finales del siglo xix situado en Cal Rosal –en pleno eje del río Llobregat–, es un centro artístico social y multidisciplinar que es contenido y continente a la vez de todo tipo de experiencias que acercan la cultura y el saber a sus límites. El equipo de personas conforma una mezcla interdisciplinar: bellas artes, investigación indisciplinada, activismo del conocimiento, periodismo y letras, tecnologías digitales y, sobretodo, muchas ganas de superar las fricciones entre la natura y la acción humana, de un lado, y la fricción de la propia tecnología con la cultura y el conocimiento, del otro. Este sitio mágico se convirtió –del 11 al 13 de mayo del 2018– en un espacio de cocreación y de investigación-acción pensado para que, al final de las jornadas (fruto de esta interacción interdisciplinar), se generara una obra que invitara a la acción.

Des-metodología de cocreación

Sin un plan o un programa definido, se establecen una serie de principios y espacios que se deben ir descubriendo, así como una cierta facilitación y gestión del tiempo. Se parte del principio dual de codiseño, que combina fases de divergencia (en las que se pueden sugerir y crear posibilidades y alternativas conjuntamente) con momentos de convergencia (puestas en común y reflexión sobre lo desarrollado). De forma iterativa, a medio camino entre una metodología de investigación y un espacio de exploración artística, la sala roja es el epicentro de todo. En ella hay una mesa larga, que durante tres días se convierte en el espacio en el que se planifica el proceso de creación. Una parte de esta mesa contiene alimentos que permiten explorar qué comemos y qué trazabilidad tiene; desde unas habas, una calabaza o unos plátanos de procedencia ecológica hasta alimentos procesados y etiquetas con todo tipo de información en la superficie. La otra parte de la mesa está ocupada por tecnología de todo tipo: rotuladores y post-it, impresoras y tijeras, cámaras Polaroid y digitales, ordenadores portátiles y antiguas máquinas de escribir están a disposición de las personas que participan en el encuentro.

De la poética de los datos a la acción y recopilación de conocimiento

Los datos que recogemos sobre la trazabilidad de los alimentos tienen cierta poética. «Desde el año 2005, la Unión Europea exige que las empresas alimentarias dispongan de un sistema de trazabilidad de los alimentos», «En enero de 2013 se detectó en Europa carne de caballo en productos de carne vacuna procesada, como hamburguesas o lasañas», «España importó en 2011 más de 25,4 millones de toneladas de alimentos que recorrieron una media de 3.827 kilómetros», «2.000 de las 22.000 personas que trabajan en la recogida de fruta en Lérida lo hacen en condiciones de miseria», «Un tercio de los alimentos producidos en el mundo para el consumo humano se malgasta», «En la Unión Europea se malgastan 88 millones de toneladas de alimentos al año. España es el séptimo país europeo que malgasta más alimentos», «El 60% del mercado mundial de semillas está controlado por solo tres empresas», «La media de consumo de productos de comercio justo en el Estado español es de 0,86 € por persona. En Francia es de 6,75 €; en Italia, de 21,57 €; en Suiza, de 59,12 €», y un largo etcétera. Datos que nos ayudan a transitar de la concienciación-discusión a la inspiración-creación.

La dinámica de cocreación generó siete propuestas de intervención, algunas de las cuáles se acabaron fusionando más adelante: (1) «Guerrilla gardening», proyectiles con semillas de plantas prohibidas; (2) «Códigos (n)huevos», una nueva codificación en la que la persona es protagonista del proceso; (3) «Mesa puesta de alimento reciclado», la escenificación de una cena romántica fruto de alimentos recuperados de la basura; (4) «Hilos de packaging expandidos», una serie de hilos de información expandida resultantes de la información de las etiquetas; (5) «Huecos de información y desinformación», una conexión con el origen del alimento a través de un hueco que nos ayuda a focalizarlo; (6) «Seguir hilos», que representa la trazabilidad física entre espacios, como Ariadna en el laberinto, y (7) «Cuerdas de opinión», propuesta en la que, a través del posicionamiento de los participantes, se visualiza la tensión entre los diferentes criterios de consumo a partir del origen de los alimentos.

Jornadas (des)vistamos(la) en el Konvent. Berga, 2018

Jornadas (des)vistamos(la) en el Konvent. Berga, 2018 | David Gómez, Wikimedia Commons | CC BY-SA 3.0

Cena romántica

Después de generar un espacio de votación y debate, se prioriza la intervención de organizar una cena romántica y se inicia la recogida colectiva de productos alimentarios rehusados para la comercialización. Después de recorrer seis comercios de la ciudad de Berga, se obtiene un lote de alimentos que, seguidamente, son cuidadosamente organizados. Un proyector muestra el proceso de creación de la acción, desde la recogida hasta la disposición final en la mesa.

Códigos (n)huevos

El punto de partida se sitúa en la coyuntura en la que nos encontraríamos si como personas tuviésemos que ser comercializadas –y, pues, codificadas– como un alimento más. Nos inspiramos en el huevo y sus criterios de codificación (la cifra que tienen impresa en la cáscara). La primera tarea es hallar una serie de criterios que nos permitan codificarnos. Este proceso genera una discusión compleja, pero enriquecedora y llena de cuestiones: ¿qué tipo de sustancias consumimos?, ¿qué dieta seguimos?, ¿qué estrés sufrimos? Y cómo condicionarían, todos estos aspectos, nuestra calidad como producto de consumo. Una vez consensuados los criterios, nos codificamos según una escala de cumplimiento (del 1 al 4) en función de la cantidad de comida procesada que ingerimos, del tipo de dieta (carnívora o vegetal), de la proximidad desde nuestro sitio de producción, del nivel de consumo de sustancias nocivas a lo largo de la vida y del nivel de estrés.

La zona del hospital –uno de los espacios más provocativos, inquietantes y complejos de El Konvent– es la elegida para la instalación «Códigos (n)huevos». Antes de que se concrete, Enric une sugerentemente el mural en el que se han hecho las propuestas –situado en la sala roja– a una huevera ubicada en la pared final del hospital, que se halla dos plantas por debajo de la sala. Entonces empieza la parte de montaje de la instalación. En paralelo, Mònica y David buscan información sobre cada uno de los ámbitos de trabajo, que acaban forrando las paredes de la parte derecha del hospital y muestran la inmensidad de datos que hay en la red sobre la trazabilidad de los alimentos.

A la izquierda se cuelgan las fotografías Polaroid de las zonas de piel tatuadas y la explicación de su codificación. El pasillo central es recorrido por el hilo que enlaza la instalación de la cena romántica de la capilla –la primera con la que se encuentra el visitante– hasta el final de la sala, donde hay la huevera.

Entrevista con Enric Senabre y Ricard Espelt, de Dimmons.net | Entrevista realizada por Bart Grugeon y Kevin Flanagan, investigadores del ecosistema de los bienes comunes en Cataluña.
Entrevista con Enric Senabre y Ricard Espelt, de Dimmons.net | Entrevista realizada por Bart Grugeon y Kevin Flanagan, investigadores del ecosistema de los bienes comunes en Cataluña.

A modo de conclusión

Una vez finalizadas las acciones se celebra una reunión de clausura en la que se ponen en común los distintos puntos de vista sobre las experiencias vividas durante los tres días de jornadas: en resumen, se valoran de forma muy positiva, y se llega a la conclusión de que han permitido un proceso de creación exitoso. Se percibe especialmente la buena convivencia entre el equipo, la voluntad de todas las personas de actuar coordinadamente, la capacidad de renuncia individual para favorecer la posibilidad de que se genere un trabajo creativo colectivo, la empatía y la magia del espacio y del equipo de El Konvent y las ganas de mantener el hilo de contacto para participar en nuevas propuestas de creación.

Podéis consultar más información de las jornadas a través del documento que se generó:

Participantes de (des)vistamos(la): Pep Espelt, Ricard Espelt, Mònica Garriga, David Gómez, Cesc Maldonado, Hilari Mateo, Jofre Oliveras, Rosa Rodríguez, Montse Rosell, Enric Senabre, Núria Vega y Alex Zubarev.

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