Cartografías de la complejidad

Jorge Macchi. Doppelgänger. 2005

Jorge Macchi. Doppelgänger. 2005.

Es indudable -McLuhan dixit-, que los medios reformatean nuestra cognición y nuestras relaciones. Las redes sociales constituyen un ejemplo literal de ello. Probablemente, construir otros vínculos en nuestra época pase por diseñar software; pensar esos nuevos entornos o interactuar con ellos de modo crítico está abriendo horizontes literarios.

En Redes complejas Ricard Solé presenta los descubrimientos más recientes en la ciencia de redes. El estudio de los sistemas complejos se centra en el análisis de la interacción de los elementos y no de las partes aisladas. Las investigaciones presentadas descubren las regularidades universales que subyacen en áreas aparentemente distintas: economía, biología, lenguaje, sistemas eléctricos e interacciones sociales, produciendo una revolución en la cartografía de la complejidad. En palabras de Solé, cuando combinamos elementos entre sí surgen numerosos fenómenos que no ocurrían a una escala inferior.

Las arquitecturas de la interacción se caracterizan por formar un “mundo pequeño”, es decir, cierto grado de aleatoriedad entre las conexiones de un sistema facilita la creación de “atajos” entre sus componentes. Uno de los experimentos que confirman esta hipótesis es la teoría de los 6 grados de separación, demostrando lo cercanos que estamos de cualquier persona en el mundo. La facilidad de propagación de la información en los mundos pequeños favorece también el colapso cuando uno de los nodos de comunicación es dañado, es así como sucede con el cáncer a nivel celular, o los virus informáticos. A diferencia de sistemas altamente jerarquizados, se trata de sistemas más interdependientes con una distribución de las funciones menos especializada, lo que constituye por una parte su fortaleza y, por otra, su fragilidad. Léase biosfera o economía mundial.

Pongamos en relación este marco teórico con las llamadas redes sociales:

¿Qué haces? es una pregunta habitual cuando llamamos por teléfono a una persona de nuestro círculo. Aunque usualmente la respuesta sea tomar un café o cocinando, compartir esta información nos hace sentir conectados. Tanto Facebook como Twitter han sido diseñados para cumplir esta función comunicativa, una función que podríamos llamar fáctica. Si Facebook ya es bien conocido, el segundo requiere, quizá, una introducción. Twitter es una red social de microblogging que nos permite enviar mensajes limitados a 140 caracteres: el tweet –del inglés gorjeo o parloteo-, tiene el propósito de informar sobre el estado del usuario de una manera sintética. Una de las diferencias entre estos dos servicios radica en que en FB hay que dar el consentimiento de “amistad” para “agregar” a la otra persona dentro de los propios contactos, mientras que la opción por defecto de Twitter permite “seguir” y “ser seguido” por cualquier persona. El esquema básico de difusión de este tipo de programa es el de “muchos a muchos”.

Por las características de Twitter los usuarios pueden alcanzar cotas de seguimiento –y por tanto de difusión- muy altas. Las “Ballenas” -usuarios que sobrepasan la barrera de los 2000 seguidores- son, en terminología de sistema de redes, hubs , o nodos caracterizados por sus altos índices de conectividad. Estos elementos, según la teoría de redes, son los encargados de movilizar la información, y, a su vez, aquellos que con más facilidad pueden propagar virus. Una característica que forma parte tanto de las redes sociales como de los sistemas celulares. El fallo de transmisión en uno de estos hubs o en una célula daría lugar al cáncer o al colapso de la red.

Según Mike Murphy, vicepresidente de FB, sólo un 10% de los contenidos de Twitter son producidos por los usuarios. Aunque depende de a quién sigamos, es decir, de la comunidad de intereses de la que formemos parte, la mayor parte de los mensajes suelen ser enlaces o “retweets”: mensajes reenviados. Sea cual sea el objetivo del usuario, la gran capacidad de divulgación de los mensajes por vía Twitter ha hecho que sea un caldo de cultivo perfecto para el marketing viral; cuesta distinguir entre los conceptos de publicación y el de publicidad.

Las posibilidades de amplificación del concepto de literatura que ofrecen estas interfaces están siendo exploradas. El many-to-many de Twitter, facilita la creación colectiva. La escritora Cristina Rivera Garza ha sido una de las pioneras en el uso de este dispositivo como herramienta de creación literaria. La Tuitnovela se basa en la escritura colectiva a partir de los comentarios de diferentes twitters en una misma “línea de tiempo” – sección de la interfaz destinada a una conversación concreta entre varios usuarios-. Para Cristina Rivera Garza lo que importa en este tipo de obras es “La producción plural de una estructura”, así pues estas creaciones se basarían en los conceptos bajtinianos de polifonía y yuxtaposición.

¿Un cadáver exquisito? En parte. La posibilidad de escritura en grupo y tiempo real, la brevedad del espacio disponible –del mismo modo que en el sms- , predispone a la escritura de aforismos y nos retrotraen a la forma poética del haiku. Según la teórica Josefina Ludmer, las escrituras posautónomas son aquellas que, escapando a los confines de lo literario, se abocan a la producción de presente. Ludmer ha intentado ubicar autores cuyas obras “no admiten lecturas literarias; esto quiere decir que no se sabe o no importa si son literatura. Y tampoco importa o se sabe si son ficción o realidad. Se instalan localmente y en una realidad cotidiana para ‘fabricar presente’ y ese es precisamente su sentido”. Para estos autores todo lo económico es cultural y viceversa. Según Rivera Garza, estas escrituras confirman que la realidad es ya en sí misma ficción y que la ficción es nuestra realidad cotidiana.

Un ejemplo de las posibilidades creativas de esta interfaz exploradas por la autora son los #cuentuitos. La almohadilla delante del nombre señala que se trata de un hashtag o etiqueta que agrupa todos los comentarios. Los #cuentuitos són cuentos limitados a 140 caracteres escritos a través de la red social Twitter, Cristina Rivera Garza fue la encargada de comisariar el primer evento de escritura en vivo de cuentos de estas características. Como manifiesto teórico de la escritora mejicana vale la pena la pena visitar  “La producción del presente”.

Independientemente de la orientación y calidad de las obras, la mayoría de las iniciativas literarias que integran dinámicas 2.0 tienen en común los conceptos de conexión y colectividad. La socialización de la experiencia de lectura, la creación polifónica y la supranacionalidad (o globalización en su acepción negativa), son sus denominadores comunes. Si bien algunas de estas escrituras se han desvinculado de la intención literaria –quizá ello sea una ventaja-, cabe preguntarse si, ante la profusión y especialización de servicios de red social y publicación on-line, la “producción de presente virtual” sea equivalente a comunicación (artística o no). Ante el interés que despiertan estas nuevas iniciativas, vale la pena procurar que el murmullo global no ensordezca voces y singularidades. Encontrar estrategias para habitar esos ecosistemas creativos en un “mundo pequeño”, pasa, según Solé, por la colaboración.

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